Las mentiras que le contamos al espejo

Con su quinta entrega, Watchmen nos presenta su mejor capítulo hasta la fecha y, sin ir más lejos, uno de los mejores capítulos que ha dado la televisión en general en este 2019. Utilizando como catalizador uno de los elementos fundamentales del cómic original y gracias a una soberbia interpretación de Tim Blake Nelson, el episodio se permite seguir expandiendo este universo a través de una historia íntima y personal.


Por Javier Puma

En noviembre de 1985, un joven Wade Tillman llega a una feria de juegos en Nueva Jersey, junto a su grupo religioso, para compartir la palabra del Señor. De inmediato, es atraído por una hermosa y resuelta joven que lo conduce a una solitaria casa de espejos donde comienza a desnudarlo para tener sexo. Pero todo resulta ser una broma pesada y ella se escapa con su ropa. Wade, solo y desnudo frente a su humillante reflejo se recrimina por haber sido tan crédulo. Él entró en tentación. Él merece un castigo. Y para su mala suerte lo obtiene. Primero un estruendo, y segundos después una terrible explosión lo deja inconsciente. Al despertar, abundan cuerpos sin vida por toda la feria ante un Wade en pánico y aturdido que no logra entender lo que sucede. La abrumadora explicación: un calamar gigantesco caído del cielo en medio de Nueva York, que además produjo un sismo psíquico, afectando a millones de personas. La primera adaptación a imagen real de uno de los eventos culminantes del cómic de Alan Moore y Dave Gibbons, resulta un momento de auténtico terror lovecraftiano.

Tras esta traumática noche, Wade ahora adulto, vive constantemente con miedo. Divorciado y un tanto ermitaño, él mantiene un bunker y docenas de sistemas de seguridad, preparado por si cae otro monstruo intergaláctico a la Tierra. Para ganarse la vida, utiliza su peculiar habilidad para detectar las mentiras para su trabajo como consultor en investigaciones de focus group, así como también en su otro trabajo como policía enmascarado, bajo el nombre en código de Looking Glass. Para nada casualmente su máscara reflejante está hecha de un material que lo protege de “ataques psíquicos”. Cuando no utiliza esa máscara, la reemplaza por un gorra que esconde el mismo material. Irónicamente, Wade también coordina un grupo terapéutico para afectados por el atentado. Y aunque él los guía, en sus propias palabras, hacia la luz al final del túnel, Wade sabe por dentro lo hundido que él mismo se encuentra en él. Tim Blake Nelson interpreta al personaje con una melancolía que se percibe hasta cuando tiene la máscara puesta. Algo que es incluso más evidente cuando tras ser secuestrado por la Séptima Caballería, descubre la verdad sobre el atentado. Aquel calamar gigante no es fruto de ninguna raza alienígena sino parte del maquiavélico plan de Adrian Veidt para lograr la paz mundial. De pronto, todo lo que Wade creía, su miedos más profundos, el sentido de su vida entera, carecen ya de significado.

Por otro lado, conocemos más acerca de la situación de Adrian Veidt (Jeremy Irons), quien pone en acción su plan para escapar. Luego de colocarse el traje espacial, es lanzado a través de una catapulta al espacio exterior (revelándonos que se encontraba en una suerte de campo virtual escondido en una luna de Júpiter) y logra enviar un mensaje de auxilio a un satélite que orbita cerca. Pero al volver al suelo, es descubierto por el misterioso Guardián del Juego que decide tomarlo prisionero por haber roto las reglas. ¿Alguien recibirá el mensaje para ir a rescatarlo? ¿El Doctor Manhattan estará detrás de su confinamiento?

Este quinto capítulo es una impresionante exhibición por parte del equipo creativo, ganándose el derecho de ser una historia complementaria del cómic original. Por primera vez sentimos el demoledor efecto dramático que produjo el final de aquella historia original; y fue una magnifica decisión haberla centrado en uno de sus nuevos personajes más complejos e interesantes. A fin de cuentas, es desolador comprender que en el universo de Watchmen no se puede confiar en los espejos. Porque cuando son tantas las mentiras que le contamos, ya no es posible diferenciar lo que es real de lo que no.