Timur Bekmambetov y un thriller que no innova
En un futuro próximo, un detective es acusado de asesinar a su esposa. Tiene 90 minutos para demostrar su inocencia ante la Jueza de la I.A. avanzada, a la que él mismo defendió en su día, antes de que esta decida su destino.

Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.
Por Gastón Dufour
Justo la semana en que circuló una entrevista a Ben Affleck y Matt Damon —en la que los actores describían las nuevas exigencias de Netflix para el desarrollo de guiones— se estrenó Sin piedad. La película no intenta innovar: reinterpreta un relato conocido (recuérdese el eco de Minority Report, de Isaac Asimov y la adaptación de Spielberg con Tom Cruise) y le aplica una serie de correcciones de época sobre la vida en sociedad, cerrando algunas aristas con giros que buscan ser “novedosos” pero funcionan solo como condimento.
Ese procedimiento, hoy tan habitual, suele engendrar pastiches. Se mezclan referencias, se enciman discursos críticos contemporáneos y se apilan explicaciones hasta agotar la paciencia del espectador. El resultado es, con frecuencia, una cinta de ritmo errático y situaciones que confunden más de lo que iluminan. Eso es precisamente lo que sucede con la película de Timur Bekmambetov, en la que un detective es juzgado por una IA y debe probar su inocencia en 90 minutos. Vendida con los rostros de Chris Pratt y Rebecca Ferguson, está diseñada para atraer audiencias masivas más que para sostener una propuesta autoral sólida.
Sin piedad parece obedecer un mandato: mostrar sin arriesgar. Ya no importa tanto de dónde proviene esta nueva arquitectura narrativa —si la empujan las plataformas que piden formatos más digeribles o un público habituado al consumo inmediato que pide certezas narrativas—; lo evidente es que tanto la industria como el público participan de un círculo que privilegia la obviedad. El argumento se explica no una, sino varias veces a lo largo de la película, como si la repetición fuera garantía de comprensión. Esa repetición anestesia: borra matices, aplana personajes y convierte en redundancia los intentos de crítica social.
La ironía más mordaz es que, a fuerza de simplificar, estas películas terminan perdiendo interés. Producen una sensación de déjà vu —la trama ya la vimos en otras latitudes y formatos— y, peor aún, obvian la oportunidad de usar la ciencia ficción o el thriller para plantear preguntas incómodas con claridad y tensión. En lugar de eso, optan por resolver, cerrar y tranquilizar. La promesa de suspense se diluye en una sucesión de soluciones limpias y previsibles.
Sin piedad no aporta al debate sobre cómo contar hoy; es síntoma de una industria que, por momentos, confunde seguridad comercial con valor creativo. Las plataformas han cambiado el terreno, sí, pero ese cambio exige menos fórmulas y más riesgo. Si el cine quiere seguir siendo un lugar de interrogación, hará falta recuperar la ambigüedad, tensar los silencios y confiar en la inteligencia del público, no en su pasividad.
TÍTULO: Sin piedad
TÍTULO ORIGINAL: Mercy
DIRECCIÓN: Timur Bekmambetov.
ELENCO: Chris Pratt, Rebecca Ferguson, Kenneth Choi, Chris Sullivan, Kylie Rogers.
GÉNERO: Thriller. Drama. Ciencia Ficción. Acción.
ORIGEN: Estados Unidos
Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.
