27 de febrero de 2024

La historia de un periodista perseguido por la mafia

Tokyo Vice, la serie de HBO basada en la novela homónima de Jake Adelstein, relata la historia de un periodista perseguido por la poderosa mafia, pero también ofrece un retrato del Japón contemporáneo.


Por Ignacio Pedraza

Desde la primera escena, el periodista estadounidense Adelstein (Ansel Elgort) y el detective de la policía Hiroto Katagari (Ken Watanabe) se encuentran en plena amenaza ante la mafia Yakuza. ¿Cómo llegaron a eso? Pues es lo que iremos develando a lo largo de los diez capítulos de Tokyo Vice (2022), la nueva serie de HBO Max que cuenta con la dirección y producción ejecutiva de Michael Mann.

Basada en las propias vivencias del periodista en la capital japonesa, la historia sigue sus pasos en el periódico Mainchin Shimbun, desde aquellos primeros días en la oficina –con varios traspiés- hasta unir las piezas de lo que parecía un simple suicido hacia un entramado con mayor complejidad. Pero el camino de Adelstein no será de manera individual, ya que en pleno trabajo deberá encontrar sus fuentes y relacionarse con colegas para ir investigando a las esferas poderosas de la región, que parecen encolumnarse detrás de la mafia Yakuza. Sin embargo, más allá de que la trama sigue la investigación periodística/policial, la narración también se adentra en las diferentes problemáticas personales y colectivas en las distintas instituciones, ya sea en el propio ambiente mafioso como en las fuerzas de seguridad.

Estos últimos puntos se personifican con Sato (Shô Kasamatsu), quien se encuentra dentro de la organización criminal y debe lidiar tanto con demonios internos y externos que lo dejan dentro de una encrucijada constantemente. Los motivos y las ambiciones del joven son de lo más enriquecedor de la historia por fuera del tinte de investigación, dándole un aspecto más personalista a la serie. Lo mismo sucede –de manera un poco más forzada- con Samantha (Rachel Keller) y sus deseos de poder progresar dentro del negocio de la noche, con connotaciones hacia los peligros, excesos y rasgos machistas propios del ambiente.

Sin embargo estas vertientes tienen un justificativo, y tanto Mann como la lista de directores que se hicieron cargo a lo largo de los diez capítulos conformada por Josef Kubota Wladykam Hikari y Alan Poul logran unificar los sucesos, generando un marco preciso donde la trama se vuelca hacia el género policial, más precisamente al neo-noir con una fotografía concreta hacia los diferentes ambientes de la ciudad oriental. Tokyo es un personaje más en la trama, clave para conocer y adentrarse en las lógicas propias de su idiosincrasia, al igual que poder profundizar con respecto a los Yakuza y las diferentes perspectivas y disputas dentro de la organización.


Con un elenco que se hace cargo del denso ambiente creado ante tanto suspenso, que deja mínimo lugar para alguna que otra situación graciosa –hasta Backstreet Boys musicalizan con un repertorio muy amplio- el cierre de Tokyo Vice deja en claro que no es sencillo el camino de la verdad y que el costo puede ser aún mayor, con una expectativa altísima ante situaciones que parecen complicarse más y más, como si habría lugar para que fuera posible, y deja la puerta abierta que solamente trae incertidumbre.

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