Los horrores

Durante los primeros minutos es imposible sentir que el infierno ha llegado a la Tierra. Todo sucede en silencio. Mejor dicho, las criaturas son tantas y tan crueles que al lanzarse sobre los invitados con total brutalidad, no les han dado tiempo a gritar, a entrar en shock, a defenderse. No es posible para estos pobres jóvenes salir con vida de esta fiesta. Muchos han muerto tras el conteo regresivo y la liberación. Esos son los afortunados, no pueden sentir a las repugnantes porquerías dándose un festín con su carne. La degradación, el horror, los alaridos mudos de las chicas, los zarpazos sin efecto de los chicos. Algunos se arrastran hacia sus novias, mientras los entes continúan comiéndolos. O los enamorados que apuñalan repetidamente cada pareja escondida en armarios, forzándolos a mirarse mientras mueren.


Por Rodrigo Vega

Agustín logró salir de la casa, porque todavía posee el libro. Desde las ventanas observa los miembros desprendidos siendo arrojados por los aires de un extremo al otro de la casa, los inmundos se abalanzan sobre la comida, luego una lluvia de sangre vuelve a comenzar. Quienes tratan de lanzarse por las ventanas del segundo piso, luego de haber subido las escaleras forradas con restos piel humana, son frenados por auras heladas y afiladas que los atraviesan como brisa abriéndoles la piel con el filo de un bisturí. Cuando caen al suelo lo hacen rebanados para ser el plato de los lobos que rodean la casa. Algunos se refugian en el sótano, donde las sombras liberan horrendos muertos que se calcinan mientras avanzan, tocan a sus víctimas quemándolos antes de comerlos, parte por parte y aún con vida. Varios corren por la puerta que da al jardín de la casa pero no hay caso, la tierra se ha vuelto pantanosa, manos podridas emergen para llevarse a este grupo. El líder se abre paso alimentándose fatalmente, con extrema crueldad. Todos caen gravemente heridos a su paso, les abre el pecho, les rompe extremidades, les arranca la cabeza, muerde y estallan los cuerpos bañando a las víctimas que intentan escapar o luchar. Esto es lo que deseaba. Sus huestes malditas han resurgido para deleitarse con la miseria, el calvario, los suplicios, los charcos de sangre. Vida, belleza, juventud y muerte injusta. Eso es lo que lo excita, la injusticia que comete, el daño provocado. Fiel a la estudiante, esa bruja que deseaba vengarse. Pero no todo es perfecto para ella.

Natalia camina por la casa disfrutando, observa a todas sus compañeras, las hermosas populares imbéciles que se burlaron de ella por años, siendo desmembradas. Las mira a los ojos, las que todavía los tienen, para que sepan quien provocó todo esto: la fea gorda estúpida virga fracasada. Avanza por los pasillos tan confiada y satisfecha cerca de una bestia, asume que no podrá herirla, error. Al no tener el libro, las criaturas se lanzan sobre su cuerpo como si fuera una víctima más. Busca huir de la casa, le consume toda su magia defenderse de estas maldades, no es sencillo detenerlas. Se está debilitando, algunos han llegado a herirla, le han mordido, arañado, apuñalado incluso. Necesita salir o morirá como todos los demás. El Demonio sonríe con sus abominables dientes, sabe que Natalia está sufriendo.

Hay un grupo de 10 jóvenes que resistió el embate inicial, pero no pueden sostener la lucha. Eran 15 pero han perdido a sus amigos durante la persecución de las criaturas. Uno tropezó en el pasillo izquierdo del primer piso, en 10 segundos estaba irreconocible. Dos chicas quedaron atrapadas en la habitación del extremo, probaron lanzarse por la ventana, pero aunque una no fue rebana por el filo de las almas perdidas, cuando aterrizó sobre el cuerpo de su amiga, los lobos le dieron fin. El más popular de la escuela se encontró con Natalia mientras los demás corrían hacia la salida. Aunque herida de gravedad ella no dudó en atacarlo tan salvajemente como si fuera un monstruo más de esa casa. Y finalmente el más fuerte de los varones, capitán de rugby, se abalanzó contra una criatura de 3 metros de altura que guardaba la puerta principal, para que los demás pudieran salir. Sus gritos hicieron llorar a todos sus amigos.

El dueño del libro ve este grupo como una señal de esperanza, decide dar su vida para librarlos a todos del demonio. Regurgita la maldad que pactó, un vomito espeso y negro que chilla mientras se hunde en la tierra como brea caliente. Se lleva todo de él, su cuerpo está gravemente herido, no le queda mucho tiempo de vida, tiene que actuar ahora. Con su cortaplumas se abre paso para dejar fluir el rojo antídoto contra los males de la noche, su sangre. Es fatal para el sometido monstruo, aún si ahora obedece a Natalia, el poseedor del libro puede detenerlo. Los brillantes ojos amarillos y sus 555 dientes buscan el paradero del ingenuo, van a luchar. Serpentea hasta hallarlo, se lo ve aproximarse con deleite, saborea la inminente victoria. Un humano, ¿como podría frenar el plan esta noche? Lo golpea con la cola, escucha como se quiebra la pierna derecha del conjurador, pero no lo desprende del pentagrama de sangre. Vuelve a golpearlo, esta vez la pierna izquierda se quiebra, el hueso sobresale debajo de la rodilla. Nada. Continúa el ritual como si lo hubieran raspado. Sangra intensamente, la médula gotea del hueso, hace salivar a la criatura. El canto comienza para terror del demonio. Cuando termine de recitarlo, será el fin. Deberá regresar con su niebla, con sus horrores, al averno. Abre sus fauces y las cierra como una prensa sobre el torso de Agustín, quebrándole todas las costillas y la columna, destrozando su cadera, haciendo llorar a su cuerpo toda la sangre que preservaba. No tiene importancia, las últimas palabras se oyeron en lo alto. Las deidades lo reconocen, el ritual está completo. Su arrepentimiento, su vida, su cuerpo. El espíritu del joven es libre de todo mal.

La niebla se levanta, cada criatura desaparece. La gente sigue muerta. Esto no anula los daños. Pero ese grupo de 10 adolescentes sigue con vida. Es lo que importa, la esperanza se mantiene. El pentagrama obliga a caer dentro de su dominio al demonio, entre rugidos y maldiciones se lo lleva a donde pertenece. La casa rebosa de muerte, comienza a incendiarse. Los sobrevivientes salen corriendo y llorando. No recordarán nada de esto.

Continuará…