Los desenamorados

 

Hubo amor entre ellos. Solían ser distintos, pasear juntos por el centro. Dedicarse palabras inspiradas y cursis con devoción. Lo que dura un suspiro de Eros, sus consecuencias, la emoción de una nueva relación, cuando los sentimientos se exploran por primera vez, hay tanta maravilla. Apenas un soplo divino, por algo somos meros mortales. Como tales el tiempo desgasta nuestro interés, por ser limitada nuestra juventud y percibir la muerte a diario cuando nos acostamos. Saber que vendrá por nosotros algún día, impide un compromiso genuino si no hay convicción. A menudo la ingenuidad rotula de amor eterno un simple capricho de verano.


Por Rodrigo Vega

PODES LEER ACÁ LOS ENAMORADOS (PARTE 1)

Ella y él sabían que noviembre traería el final de su relación. Para diciembre estarían cada uno por su lado, disfrutando con sus amigos. Incluso siendo novatos, optaron por hacer lo que los matrimonios hacen siempre, se conformaron el uno con el otro por aferrarse a un estado emocional que ya no eran capaces de generar. Toda la semana apenas habían cruzado palabra, texto, chat, estado, tweet, whatsapp… pero recordaban lo que meses antes conversaron, cómo se disfrazarían para esta noche, qué sentido tendría, un chiste interno. Ella más interesada que él en este punto, se preocupó por cada detalle del disfraz. Joel solo optó por ponerse un jean viejo, romperlo y mancharlo, tomar una camisa vieja de su padre, un poco de rímel de su hermana y comprar los detalles (diente de oro falso, sombrero de pirata, pañuelo rojo, espada de plástico), alquiló la peluca de Jack Sparrow y se quedó con sus zapatillas blancas de lona razonando que estaban de por sí arruinadas y encajaban con su look. Ana quería lucir idéntica a la pirata que enamora y traiciona a Sparrow. Soñando aún con una renovación de los sentimientos y la dinámica entre los dos.

 

Lo que Joel ignoró

Joel salió a buscarla, caminando. Nada de vehículos esta noche, por los niños que tienen las calles para sí hasta las 22.00 horas. Luego los adultos tendrán su baile con disfraces toda la noche, hasta la madrugada al menos. Durante el evento, los jóvenes del pueblo están citados a la casa de la familia más rica para una memorable fiesta. Él piensa en el verano, como no, para variar planea como trabajar mayor cantidad de horas para ahorrar y comprarse su primer auto, con ayuda de sus padres sin duda. Su caminata comienza a estirarse para darle tiempo a sus pensamientos, necesita organizar mínimamente su vida.
Es curioso todo lo que nos perdemos adentrados en nuestra realidad, tomarnos esa licencia unos minutos es saludable, hacerlo en esta noche, ja ja ja… no.

 

La primera pareja

Lara y Matías decidieron no salir, excepto para comprar golosinas. Los niños son bastante jodidos con las casas que los ignoran. Los padres de ambos asistirán a la fiesta. Como el hermano de Lara estaba con su novia, se quedaron en casa de Matías.
Solos, cenaron tacos, miraron Trick ´n Treat y justo cuando estaban por aprovechar tener la casa para sí, Lara escuchó ruidos en la enorme cochera de la casa. Matías se dispuso a revisar pero vio una sombra femenina en el patio. En lugar de sentir un ínfimo escalofrío soltó una carcajada. Convencido de ser el objeto de una broma pesada de sus amigos que le reprocharon temprano por la tarde no ir a la fiesta para quedarse con su novia. Le dijo a su chica “Ya vuelvo, son esos pelutodos tratando de asustarnos, andá a la cochera con tu máscara y tirales caramelos porque están en el patio también”.

Confiado y risueño salió al patio para burlarse de sus amigos, pero lo esperaba una joven sentada con los pies en la pileta, dándole la espalda. Continuó avanzando de buen humor, hasta apreció el detalle que esta joven exhibía: ropa mojada arruinada ensangrentada. Se sentó a su lado y le dijo: “Mis amigos son unos capos por disfrazarte así, la verdad a cualquier otro lo asustaría”. Ella no respondió, pero sí le dejó ver los rasgos que la muerte talló en su rostro tras tantos años. Entonces él lo supo, esto no era una broma, se orinó encima y comenzó a temblar, inmóvil, esperó las manos grises con huesos y nervios y venas expuestos acercándose hasta su pecho. Antes de morir oyó gritar a Lara, luego ruidos, luego jadeos, luego nada. Mientras algo más se arrastraba hasta la pileta y su pecho se abría por orden de los finos y pútridos puños. Le quedó un momento para ver a su amada flotando, donde él estaría segundos después. Su único reclamo: “¿Por qué?” consiguió una respuesta de su asesina: “Porque a nosotros también”.

Joel cortó camino desde su casa, a 15 cuadras de la de su novia, pasando por una callezuela de tierra que conecta los patios de las casas country. Apresuró el paso porque no deseaba estar mucho tiempo en esa calle de 300 metros con escasa iluminación, en su mayoría proveniente de los reflectores de los enormes patios de cada propiedad. Principalmente porque todo el pueblo estaba en el centro y aún no había cruzado a una sola persona. Los arbustos de 2 metros de alto dejaban entrever los cuerpos flotantes en la pileta pero el distraído protagonista no los notó.

 

Continuará…