Intentando triunfar en Hollywood (y en el UCM)
El aspirante a actor Simon Williams quiere triunfar en el mundo del espectáculo, y la nueva adaptación a la película del superhéroe Wonder Man es la posibilidad de su vida. Luego de un encuentro fortuito con Trevor Slattery, la dupla intentará llegar a protagonizarla manteniendo ocultos secretos que pueden perjudicarlos.

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Por Ignacio Pedraza
Había una fórmula impuesta dentro de las propuestas del Universo Cinematográfico de Marvel que se repetía sin cesar en cada uno de los proyectos: humor por doquier, público apuntado al familiar –por momentos infantil- y múltiples guiños a otros personajes de la editorial para dar la sensación de unificación entre ellos. Luego de quizá la etapa más floja de la empresa, algunos largometrajes comenzaron a modificar ello, dándole más identidad y un guion más cuidado para cada ocasión. Más allá de que sigue sin despertar el interés a lo que vimos décadas anteriores, al menos los proyectos logran identificarse y diferenciarse entre sí.
Si en Thunderbolts* (2025) se trataba sobre cuestiones de salud mental con mayor seriedad, y Los cuatro fantásticos: Primeros pasos (Fantastic Four: First Steps, 2025) pareció entender a qué iban las familiares aventuras de los Richards, la nueva serie Wonder Man (2026) aborda por primera vez el mundo del espectáculo –apenas el personaje de Kumail Nanjiani en Eternals (2021) lo trataba tímidamente- con mucho metalenguaje para introducir a Simon Williams (Yahya Abdul-Mateen II) en este multiverso.
La historia sigue al aspirante a actor Williams, quien alterna entre la mala suerte y su autoboicoteo de método por la perfección en el puñado de oportunidades que tiene. Cuando descubre que van hacer una nueva adaptación de Wonder Man, película de la década del 80 de la que es fan, siente que el papel le calza a la perfección. Allí entablará relación con Trevor Slattery (Ben Kingsley), quien fue conocido durante un tiempo como El mandarín y más allá de que fue solamente una actuación le sigue trayendo consecuencias, pactando tratos con el Departamento de Control de Daños.
¿Dónde está lo superheroico? Pues Simon guarda en secreto que tiene superpoderes, con fuerzas sobrenaturales y el uso de energía iónica, pero que debe mantener escondido bajo siete llaves ya que su objetivo es ser una estrella de cine, y los metahumanos no pueden formar parte de la industria del espectáculo. Sin embargo, algunos sospechan de su capacidad, y el agente Cleary (Arian Moayed) seguirá su rastro incansablemente.
En esta dualidad que existe entre ficción, por aquella película de la década del 80 que nos indica que el personaje existe en términos artísticos, y la realidad que tiene al protagonista controlando su identidad –con un cambio en la historia respecto a su irrupción en las viñetas-, la serie creada por Destin Daniel Cretton –un habitué en los últimos proyectos de Marvel– y Andrew Guest intenta brindar otra vertiente al arrastre del género encapotado, adentrándose en Hollywood con comentarios sobre la industria pero a la vez ir dándole, de manera muy apaciguada, una introducción al héroe.
La propuesta no deja de ser situacional, y lo aventurero y –aún más- la acción brilla por su ausencia. En esta idea, los ocho episodios –dirigidos por Cretton, James Ponsoldt, Tiffany Johnson y Stella Meghie– se apoyan en la química entre Williams –que hace un camino inverso al Barry de Bill Hader– y Slattery, rodeándose en los ambientes del espectáculo. Sin embargo, es cierto que si lo pensamos en calendarización el proyecto llega un tanto tardío, ya que en el último tiempo tuvimos producciones como The Franchise (2024) o The Studio (2025), con temáticas similares y hasta un poco más ácida –incluido el mercenario bocón ha emitido comentarios más fuertes- de lo que presenta este estreno.
Apenas como rasgo distintivo, y que puede resultar simpático, es el cuarto episodio: titulado The Doorman, el mismo sigue de manera acromática la historia del personaje creado en 1989 e interpretado por Byron Bowers, con la capacidad de usar su cuerpo como un portal. Más allá de que parece ser un capítulo antológico –y que podría haber sido creado por Donald Glover-, las mismas explican las causas de los peligros de Williams para revelar su identidad.
Si bien es simpática la interacción entre sus dos figuras estelares –y algunos simpático cameos-, Wonder Man apunta a la originalidad dentro del UCM –no tanto en la pantalla chica por los antecedentes recientes- y tiene sus buenas intenciones pero no resulta suficiente, quitando un poco de espectacularidad a lo que el género debería prometer y apostando más a la comedia.
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