18 de marzo de 2026
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Una secuela espectacularmente… correcta

Esta nueva entrega comienza momentos después de que Grace sobreviviera al ataque despiadado de la familia Le Domas, cuando descubre que ha alcanzado el siguiente nivel de este juego de pesadilla, y esta vez con su hermana Faith a su lado.


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Por Ignacio Rapari

Tras un primer largometraje bastante deslucido como Devil’s Due y su paso por antologías como V/H/S y Southbound, la dupla Matt Bettinelli-Olpin / Tyler Gillett terminó de encontrar el rumbo con Boda sangrienta (2019). Una película chica, sí, pero afiladísima: seis millones de dólares, una final girl enorme como Samara Weaving, gore, y un grupo de personajes secundarios tan detestables como magnéticos. Con eso y una sátira muy clara, les alcanzó para que el boca a boca la convierta en una de esas joyitas del terror reciente. Y también para dar un salto que no era para cualquiera: hacerse cargo de una nueva Scream, ya sin Wes Craven y con todo lo que implica meterse en ese terreno.

Más allá de la grieta previsible que generó su llegada —algo lógico si se piensa en lo que significa Scream para el fandom—, lo cierto es que Scream V funcionó. Lo suficiente como para habilitar una sexta entrega que volvió a poner el foco en las hermanas Carpenter (Jenna Ortega y Melissa Barrera) y terminó de consolidar a la dupla de directores dentro de un terror más industrial y comercial. El verdadero cortocircuito llegaría después, con Scream 7: un proyecto atravesado por la desvinculación de Barrera, la posterior salida de Ortega y, finalmente, la reconfiguración total del equipo con la llegada de Kevin Williamson, en medio de conflictos ya de público conocimiento.

En ese contexto, y casi como efecto colateral de ese reordenamiento, termina avanzando esta continuación de la historia de 2019, que ya no juega a ser modesta, sino que directamente va por algo mucho más grande, más artificial y, en definitiva, más vacío. Algo no tan distinto a lo que pasaba con Scream VI.


La historia retoma inmediatamente después del final de la primera entrega, con Grace MacCauley (Weaving) escapando de la mansión Le Domas tras la noche de persecución a manos de esa familia desquiciada y satánica. Pero la calma dura poco: rápidamente vuelve a quedar atrapada en una nueva mansión, ante una nueva galería de psicópatas y con la compañía de su hermana Faith (Kathryn Newton). Las circunstancias que ponen en marcha esta nueva cacería conviene no detallarlas demasiado ya que no se trata de una secuela con muchas sorpresas para ofrecer.

Más allá de que esta nueva entrega conserva el frenetismo, el humor negro, el gore y una colección de asesinos tan exagerados como disfrutables —los hermanos Ursula y Titus (Sarah Michelle Gellar y Shawn Hatosy) o ese abogado sin nombre, tan frío como extraño, que interpreta Elijah Wood merecen un spin-off—, lo cierto es que se pierden varios de los elementos que hacían tan particular a la original.

Acá todo parece responder a una lógica más grande, más calculada, propia de muchas secuelas actuales. Y aunque la película funciona —oficio no le falta—, también da la sensación de ser demasiado correcta, demasiado ambiciosa y, al mismo tiempo, demasiado corriente como para ser algo más que puro espectáculo.
Algo parecido a lo que fue, justamente, llevar a Ghostface a Nueva York.




TÍTULO: Boda Sangrienta 2
TÍTULO ORIGINAL: Ready or Not 2: Here I come
DIRECCIÓN: Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett.
ELENCO: Samara Weaving, Kathryn Newton, Elijah Wood, Sarah Michelle Gellar, David Cronenberg.
GÉNERO: Thriller. Terror.
ORIGEN: Estados Unidos.

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