El verdadero negocio del espectáculo

Como todas las disciplinas masivas, el boxeo tampoco está exento de una faceta mucho más concentrada en lo económico que en lo meramente deportivo. Una faceta frívola donde lo que más importa es venderle un buen espectáculo al público.


Por Javier Puma

Esta cuarta entrega de Monzón, la serie, invita a reflexionar sobre este costado; y hasta, en cierto punto, emparentarlo con el rol que ejercen los medios.

Este nuevo capítulo comienza con el traslado de Monzón al penal de Bazán. Quien fuera un ídolo indiscutido y alabado por las masas, ahora es despedido de Mar Del Plata por un tumulto de gente al ferviente grito de “¡Asesino!”. El femicidio de Alicia Muniz se convierte en el tema ineludible para todos los programas televisivos, con debates que por primera vez ponen sobre la mesa a la violencia de género (tema tabú para la época). El fiscal Parisi también se va viendo cada más presionado para resolver el caso, tratando de encontrar alguna prueba reveladora que finalmente confirme la culpabilidad del ex-boxeador.

Por otro lado, seguimos conociendo más del comienzo de su carrera. Recién consagrado como el nuevo campeón argentino, empieza a confirmarse como la joven promesa del boxeo. Pero para Carlos, aún no es suficiente y le llega a molestar que la atención de los medios se concentre en su aspecto rudo y salvaje.

Es aquí que se presenta un interesante contrapunto con la figura de Nicolino Locche. El famoso boxeador argentino no solo era reconocido por su éxito sino por su extravagante y vistoso estilo, tanto adentro como afuera del ring. Aunque esto es algo que Monzón no ve con buenos ojos, es el mismo Locche quién le revela que el boxeo no se trata sólo de las peleas sino también del show.

Probablemente esta sea una semilla que se irá implantando en su psiquis, en especial cuando su fama se vaya acrecentando.

El cuarto episodio de Monzón, la serie, estrena este lunes a las 22.00 horas por la pantalla de Space.