Bella y Bestia

Es probable que la pareja más icónica que ha brindado la farándula argentina, sea la que formaron Susana Giménez y Carlos Monzón. No solo por ser las máximas estrellas en su rubro ni por su abrumadora popularidad, sino también por lo opuestos que parecían en la superficie. Una suerte de romance de “Bella y Bestia” que supo ser la tapa de todas las revistas. El octavo capítulo de Monzón, la serie hace una parada obligada en el comienzo de esta relación.


Por Javier Puma

El capítulo inicia con el fiscal Parisi (Diego Cremonesi) recuperándose del brutal ataque que sufrió, aún más decidido a investigar el caso. No tarda mucho en recibir las pruebas definitivas por parte de la autopsia del cuerpo de Alicia Muñiz que, sumados al inesperado testimonio del cartonero Báez, confirman que ella fue asesinada antes de caer por el balcón. Por si fuese poco crecen las diferencias entre Monzón y su abogado (Gustavo Garzón), el cual se ve con cada vez menos posibilidades de obtener un buen resultado para su cliente ante el inminente juicio.

Pasando al plato fuerte del episodio, volvemos a 1974 en medio de la mítica filmación de La Mary. Una película de culto que más allá de sus bien merecidos méritos cinematográficos, fue marcada por cómo ese romance pasional entre sus protagonistas traspasó la pantalla hasta hacerse realidad. Susana (Celeste Cid) es una joven actriz de meteórico ascenso, y de gran personalidad que no puede evitar enamorarse del tosco Carlos (Mauricio Paniagua). El capítulo propone un simpático juego recreando escenas de aquella película, mientras desarrolla el comienzo de ese amor (incluyendo esa escena de sexo que se extendió a pesar de que el director gritaba “¡Corten!”). Sin embargo, Monzón era un hombre casado y este affair puede costarle más allá de la separación, el distanciamiento de sus hijos.