Será el peor horror de todos los horrores que este pueblo conocerá hoy


Por Rodrigo Vega

El joven viaja en su auto por la ruta. Entusiasmado, aunque no sea evidente. Está pensando en múltiples posibilidades. Tiene muchas opciones. Cuenta con una generosa cantidad de recursos. Contempla el camino mientras avanza rápidamente. Su expresión es serena. No se confía pero tampoco tiene que temer. No escucha música. No se detiene a responder las miradas de las mujeres que empañan el vidrio del asiento del acompañante en el auto de sus novios cuando le ven pasar. Solamente ellas lo ven al parecer, los tipos no prestan atención. Pero las mujeres lo hacen en detalle, compulsivamente, con furor, rasguñan el asiento, entrecruzan las piernas, sudan… y aun así fallan en descubrir que el hermoso joven no está respirando.

El pueblo más bello que de costumbre, está vestido de fiesta, decorado con esmero y atención por los detalles. Aquí las fechas festivas se toman en serio. Para aplacar la rutina. El contexto poco estimulante. La vida sencilla que responde al modelo básico dictado por la sociedad: matrimonio e hijos. Los niños salen de sus casas acompañados por algún hermano mayor castigado u obligado para escoltarlos en la búsqueda de golosinas. Para ellos esta noche se trata de disfraces y risas y sustos leves, cuando les cuenten los consabidos e inevitables cuentos que ya padecieron sus hermanos años antes a la hora de dormir con la luz apagada.

Está anocheciendo, queda poca luz en el horizonte, en las calles ya no es suficiente el sol. El alumbrado público se enciende, gradualmente mientras el joven estaciona, la noche se apodera del poblado como un manto de mal agüero. En este caso lo es. Porque llegó el momento, la fecha exacta, él lo disfruta, tanto como lo haría un león mientras engulle a su presa, mientras la desgarra. Es imposible disimularlo, entre semejante belleza, cuando esta noche, donde un pueblo rodeado de bosque, sus habitantes ingenuos, celebren el horror, este demonio se alzará.

Se baja de su auto, un bello Audi descapotable negro, no se molesta en trabarlo o activar la alarma, jamás regresará por él. Si alguien pudiera ver lo que yo, se molestaría en revisar el estado del asiento de cuero del conductor, para sorprenderse frente al contorno de un hombre gravado como si se lo hubiera quemado. La marca maldita de quien manejó toda la tarde ese auto nuevo. O el dueño original que desafortunado condujo frente a esta criatura.
Los niños revolotean por las veredas, no hay vehículos circulando por las calles céntricas esta noche. Habrá una cena en la sala de convenciones para los adultos. Los adolescentes tendrán su fiesta más tarde también. Por ahora la noche es de los niños que honran sus disfraces y ríen mientras reciben golosinas o hacen travesuras.

El joven camina inverosímil con su traje negro y sus ojos azul zafiro, su piel blanca, su veneno escurriéndose por sus párpados como rímel. Lo seca, arroja las gotas al césped, este se quema como si le hubieran arrojado ácido. Es que su esencia no puede conformarse en formas mortales, o tal vez sea su excitación. Como recorre con su lengua afilada cada uno de sus dientes idénticamente letales, por causa de lo que planeó. Su sombra proyectada por la cruel luz azulada de esta noche lastima a los animales que la cruzan ignotos, pues aquellos que le ven acercarse se erizan en terror frente a su aura. No las chicas, ellas se relamen inhalando las feromonas del manto, imaginando una noche con él. Sería su última noche si sucediera.

Sonríe a una pareja de enamorados que lo saluda amablemente. Es la cortesía campesina, los valores que tienen aquellos que viven en un lugar pequeño donde todos se conocen mínimamente entre sí. Pero hay algo más que el ojo transeúnte no alcanzaría notar, esta pareja no es como las otras del pueblo, no es como la de la estudiante y su novio, no es humana. Son los enamorados que murieron en ese trágico accidente, devenido leyenda urbana entre jóvenes de poblados en los alrededores. Entonces este saludo cortés fue más un reconocimiento a las criaturas de su clase.
Aún queda tiempo antes de la fiesta, pasea por el pueblo, observando, varios de estos cordiales jóvenes serán su presa. Las mujeres nuevamente apenas pueden contenerse cuando le perciben, su aroma, las feromonas. Nada mejor que esta noche para saludar amablemente un emisario de la muerte sin darte cuenta.

El demonio es hermoso. Un ser magnífico. Espécimen apto para usar como ejemplo en decenas de publicaciones para la posteridad. Su cuerpo perfectamente copiado de Instagram, cada movimiento que realice, será digno de una selfie con miles de corazones virtuales clamando aprobación. Podría tener millones de seguidores virtuales pero a diferencia de las celebridades, si eligiera uno por una noche, lo devoraría.
Su cabellera negra destellando ínfimas luces azules, imposible resistir la urgencia de acariciar algo tan perfecto a la vista. Hazlo y en tu mano comenzarás a sentir una leve comezón, luego ardor. ¡Oh! Más tarde dolor. Mmm… finalmente verás a tu piel desprenderse. ¡Uh! ¡Mira tus huesos ensangrentados! ¿No sientes que ha valido la pena rendirte a la vanidad y tocar la perfección de este demonio?
Querrás oír sus palabras, pues labios tan suaves no podrían emitir sonido que fuera menos que orgásmico. Pero el demonio no puede hablar. Su lengua filosa como un bisturí recorre una boca cuyos dientes son fauces y entre ellos restos de humanos reposan como bacterias.

Varios pájaros caen descuartizados en los límites del poblado. Volaban bajo ingresando en la cúpula de bruma que espera descender a medianoche. Ya no hay estrellas en el cielo, una clara señal del aislamiento. Los habitantes no pueden verlo, ya no hay dioses que los amparen. Ahora son dueños de su propio destino. También están desamparados en caso de encontrarse al borde de su fin, clamando una casualidad que les permita salvarse. Suerte le llaman. Bien, sin dioses, no hay suerte. Sólo la fortaleza del espíritu humano.

El demonio proviene de un mundo sin suerte. Su apariencia esconde el vacío que le compone. Un fragmento del abismo que luce tan horrendo como se pretende de la nada consciente. En sus ojos el tiempo no sucede, verás la calma de no existir y tu rostro en medio de la nada enmarcado por su precioso iris. ¿Imaginan algo más aterrador que un ente devorador compuesto de oscuridad absoluta? Él lleva su marca, todas sus criaturas también y su belleza pone a prueba la debilidad mortal.

Sus ojos preciosos al fin se posan sobre la figura de una mujer, Elisa una joven de 18 años que acudirá al evento de la fecha. Ella está perdida desde el momento en que elige acallar su voz interior, que grita “¡no lo hagas, no vayas con eso, no le des tu consentimiento!”. Opta por sus impulsos, tal vez si algo la vigilara, su ser resonaría con mayor contundencia. Sentido común, le dicen los escépticos.

La brisa gélida acaricia su cabellera rubia, suspira cuando la abominación cruza la calle para encontrarla. Sus latidos se incrementan, sus pupilas se dilatan, sus labios se humedecen, su destino está sellado. Un beso deshace la piel, los labios queman al contacto con la frágil Elisa. El demonio necesitaba fortaleza para sostener su manto. No es posible oír los gritos de la joven, pero dentro del bosque suena como si un oso devorara un perro mediano. La sangre salpica el verde pardo y el marrón oscuro del follaje. El abismo se relame y espera.

Esta noche se respira en el aire templado, una premonición a menudo presente durante esta festividad, alguien va a caer presa de la oscuridad sin duda, cada vez que se celebre esta fecha. Pero este karma no es tan azaroso. La tensión es leve, vaporosa, incisiva, se ciñe de la luz de luna mientras baja hasta envolver a todos. Se mantendrá invisible durante los festejos iniciales, persistente llegará a su clímax por la madrugada. Una dulce fragancia a flores frescas, sexo & peligro, rebeldía, descontrol, pasión, liberación, dolor, miedo, sufrimiento. Irá en descenso hasta lo inevitable. Donde las criaturas esperarán con las fauces abiertas. Allí estará este visitante, observando, aguardando, su momento será clave. Será el peor horror de todos los horrores que este pueblo conocerá hoy.