La ilegalidad del diablo
Con el predominio del alcalde Fisk en Nueva York, Matt Murdock y aliados deben pasar a la clandestinidad ante la persecución a los enmascarados y repensar sus estrategias poder dar contra el jefe de estado y las fuerzas de seguridad.

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Por Ignacio Pedraza
Un año atrás, la primera temporada de Daredevil: Born Again (2025) tenía la compleja tarea de presentarse como un reinicio del personaje –jugando en una liga más grande como es el UCM– pero a la vez manteniendo el estilo y algunos arcos argumentales que tuvo su sólida serie en Netflix. Ya con sus nueve primeros episodios en esa construcción, la segunda temporada que llega en marzo a Disney+ permite avanzar en lo ya emergido.
Casi como si fuera alguna creación de George Lucas –la fotografía de Hillary Spera y Jeffrey Waldron sigue apuntando a lo conductista con la paleta de colores bien marcados-, el mapa en Nueva York está polarizado: por un lado tenemos al alcalde Wilson Fisk (Vincent D´Onofrio) con su persecución a los enmascarados y abusando de la fuerza policial bajo la ley marcial; y por el otro, a la fuerza rebelde encomendada por Matt Murdock (Charlie Cox), quien junto a Karen Page (Deborah Ann Woll), deben manejarse entre las sombras para poner en disputa el predominio del “Kingpin”; generando que imperio e insurgentes se enfrenten en distintas contiendas.
A cargo de Dario Scardapane –esta vez tomando el timón con mayor pujanza en su rol de showrunner-, quien escribió el guion junto a Heather Bellson, Chantelle M. Wells, Jesse Wigutow y Devon Kliger, los ocho episodios permiten desarrollar ideas presentadas ya en su temporada anterior, por lo que el visionado no deja de ser una prolongación a lo visto un año atrás. Varios de sus personajes deben lidiar con las consecuencias y el estado caótico de la ciudad, con fuerte componente político y social que siempre fueron las características principales de la serie.
A esto se suma ya un clásico en el diablo de Hell´s Kitchen, como son los planos secuencia en sus escenas de acción. Sin que alguna sea memorable como en otras ocasiones, dichos momentos logran congeniar entre los dramas judiciales y cuestiones intimistas que presentan un tono más maduro y espeso –no solo por la neblina presente en casi todas sus escenas- logrando elevar –y equilibrar- el ritmo de narración, que se toma ciertas mesetas para el desarrollo de sus múltiples personajes.
Sobre esto último, dicha vertiente puede verse desigual. Algunos arcos como los de Heather (Margarita Levieva) no parecen tener el espacio para el desarrollo propicio, y otros como los de Sr. Charles (Matthew Lillard) son apenas guiños. Está claro que todos ellos son un cúmulo funcional para la dupla, que a fin de cuenta realmente interesa, y su enfrentamiento –ya sea físico como espiritual- entre Fisk y Murdock; por el que sus guionistas siguen apostando como gran atrayente del proyecto. Por ello mismo, cuando los dos protagonistas no se hacen presente en pantalla, se sienten sus ausencias.
Más allá de su tono unificado –ya lo vimos en términos fotográficos, y la dispar y descarada musicalización de The Newton Brothers también logra mantenerlo-, la diferencia entre la serie creada en 2015 y este reinicio puede pensarse en que ésta última no tiene una temática específica por temporada –sin olvidar a sus personajes en general, podríamos intuir que cada envío de la «N roja» tenía un conflicto renovado y una némesis nueva a vencer- y que lo más reciente apunta a una prolongación de su argumento; lo que se podría denominar slow cooking.
Más allá de su tono unificado –ya lo vimos en términos fotográficos, y la dispar y descarada musicalización de The Newton Brothers también logra mantenerlo-, la diferencia entre la serie creada en 2015 y este reinicio puede pensarse en que ésta última no tiene una temática específica por temporada –sin olvidar a sus personajes en general, podríamos intuir que cada envío de la N roja tenía un conflicto renovado y una némesis nueva a vencer- y que lo más reciente apunta a una prolongación de su argumento; lo que se podría denominar “slow cooking”.
El nuevo estreno del “hombre sin miedo” resulta más ameno que su temporada anterior –acá no hay un capítulo como el del banco, que desentonaba con el resto- y tiene retazos a su pasado –el desarrollo de Vanessa (Ayelet Zurer) y el de Ben (Wilson Bethel) son los puntos más altos-; pero no deja de sentirse que algo falta en su totalidad, como si la propuesta pensara que solo con las grandes interpretaciones de Cox y D´Onofrio y las violentas secuencias de acción alcanzasen.
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