30 de junio de 2026
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La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo

El restaurante está en plena etapa de cambios, aunque no todos lo sepan aún. Con el reloj que define el futuro llegado a cero, las últimas funciones de The Bear deben deslumbrar para torcer su rumbo, pero una tormenta en Chicago hará de su servicio problemático y escandaloso.


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Por Ignacio Pedraza

Nunca se trató de la cocina, sino de la familia. Aún menos sobre los desafíos y la búsqueda de la perfección culinaria; y sí sobre la ansiedad, salud mental y la ambición e inseguridad del ser humano. A lo largo de las cinco temporadas, El oso (The Bear, 2021) creó un universo estresante, compacto y problemático muy especial que permitía, aún en aquellos que nunca en su vida agarraron una fuente o un bol, verse reflejados en los traumas y conflictos que afrontaban sus personajes.

La creación de Christopher Storer logró el elogio por sus atributos tanto argumentativos como técnicos –los primerísimos primer plano o plano detalle, ciertos planos secuencias, la construcción de diversos personajes y diálogos ingeniosos- que permitían darle una identidad al proyecto, pero que generaba cierta incertidumbre en su porvenir con comentarios duales con el correr de los estrenos. El arribo de la quinta temporada a Disney+ marca el cierre del show, poniéndole un moño a una historia que quedará en la retina del espectador.

El cierre de la temporada del año pasado lo tenía a Carmy (Jeremy Allen White) abandonando el restaurante y dejándolo en manos de Sydney (Ayo Edebiri) y Richie (Ebon Moss-Bachrach). Pero antes, con la necesidad de torcer el rumbo de un negocio que viene a pique y que tiene al inversor Cicero (Oliver Platt) con la soga al cuello, deben brindar un servicio que los reposicione en el mundo culinario. La fortuna no caerá de su lado y, como la frase del tema «Luzbelito» y las sirenas parece ser la característica principal de estos personajes, el equipo deberá enfrentar una poderosa tormenta que acecha a Chicago y, principalmente, sus insumos y riesgos edilicios.

Los siete primeros episodios se centrarán en la crucial velada, desde sus primeras planificaciones hasta la metódica vorágine para lograr cubrir todos los turnos de los comensales. Sin ninguna novedad en este aspecto –varios extensos pasajes de la serie se han centrado en cenas o hechos particulares-, la tormentosa ciudad de Illinois le da una coyuntura aún más compleja que envuelve al público –uno termina viendo por la ventana si por nuestros pagos no relampaguea- y que logra, también identificable de lo creado por Storer, alternar entre el propio el agobiante servicio como en arcos argumentales más intimistas de los involucrados.

La particularidad de este cierre se observa en la necesidad de darle una conclusión a ciertos personajes y poder vislumbrar cierto epílogo –el episodio final se encargará de esto- que dé la sensación de conclusión. Algo similar a lo que pasó este año con Hacks (2021), todo lo sólidamente construido tenía su techo, que no debían estirarse y quedarse cómodamente explorando lo logrado, y tanto aquella comedia como este producto de FX y Hulu supieron brindar hasta lo necesario. En este sentido, si bien hay un repertorio amplio de personajes –con diferentes tonalidades pero que logran congeniar- la triada Sydney, Richie y Carmy -este último un tanto desdibujado al comienzo pero que logra levantar en la segunda mitad- son los abanderados de esa sensación de clausura.

Respecto a lo técnico, hay poco para destacar porque mantiene la línea que tanto enaltecimiento logró desde su estreno: la fotografía de Andrew Wehde logra sobresalir en su tonalidad de azules y alternando entre la luz y oscuridad de las propias condiciones meteorológicas, mientras que la musicalización acompaña los diferentes estados de su trama con la incorporación de un maestro en la materia: un tal Hans Zimmer.

The Bear siempre abordó respecto a miedos, resentimientos, cambios, ilusiones y lo relacional; cada espectador podría tomar una vertiente y tomarlo como propio o simplemente, con la cocina como medio, vislumbrarlo desde un análisis del comportamiento humano, tanto en la individualidad como en lo colectivo. Storer y equipo entendieron que, luego de cinco temporadas, el planteamiento lograba su culminación y que, a través de cuarenta y seis episodios –y un especial-, nos ofrecían una radiografía bastante esencial sobre nosotros.


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