¿Quiénes son los verdaderos bobos?
Una banda organizada ofrece un tratamiento ilegal con electricidad para alterar la capacidad mental.

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Por Gastón Dufour
La primera pregunta que plantea Los bobos aparece casi de inmediato y no necesita demasiadas explicaciones: ¿qué clase de sociedad puede convertir la voluntad de una persona en un problema que conviene eliminar? Desde allí, Sofía Jallinsky y Basovih Marinaro construyen una comedia negra de apariencia disparatada que poco a poco adquiere una dimensión bastante más incómoda.
El punto de partida es deliberadamente absurdo. Una banda ofrece un tratamiento ilegal con electricidad capaz de provocar una incapacidad mental. Hay clientes que pagan por el procedimiento y trabajadores que lo ejecutan siguiendo una serie de protocolos tan precisos como siniestros. El negocio funciona porque todos encuentran una justificación para lo que hacen. Cuando una de las integrantes decide apartarse de las reglas, la estructura comienza a mostrar sus fisuras.
Jallinsky y Marinaro no necesitan transformar esa premisa en una explicación política evidente. La película encuentra su mejor tono en el contraste entre la naturalidad con la que los personajes realizan su trabajo y lo monstruoso de aquello que están haciendo. Allí aparece un humor negro que nunca depende solamente del golpe de efecto. La risa llega porque determinadas situaciones resultan absurdas, pero detrás de ellas existe una violencia concreta que obliga a pensar por qué nadie dentro de ese universo parece considerar extraordinario lo que está ocurriendo.
Sebastián Romero Monachesi, Liliana Weimer, Cecilia Marani, Verónica Gerez, Fiona Gollob y Florencia Bergallo forman un elenco que entiende muy bien esa lógica. Los personajes no necesitan discursos para revelar sus contradicciones. Hay algo casi rutinario en sus comportamientos, y esa normalidad convierte cada situación en algo todavía más perturbador.
La puesta de Jallinsky y Marinaro también evita el exceso visual. Nicolás Colledani trabaja una fotografía que encuentra belleza y extrañeza en espacios reconocibles, mientras el montaje de Brenda Gitman junto con los directores sostiene un ritmo que permite que el absurdo crezca sin necesidad de apurarlo. La música de José Manuel Serrano y Alejandra Tokatlian acompaña esa atmósfera sin competir con ella. Después de Palestra y Estertor, Jallinsky y Marinaro vuelven a ese territorio que ya conocen: personajes incómodos, situaciones extremas y un humor negro que nunca busca tranquilizar al espectador.
El resultado es una película incómoda, extraña y por momentos feroz, que encuentra en el humor una manera inteligente de hablar sobre el poder, la obediencia y la posibilidad de decidir sobre la vida de otro. No busca caer simpática, y probablemente allí reside buena parte de su atractivo: pocas películas argentinas recientes se animan a ser tan incorrectas sin perder de vista qué quieren decir.
TÍTULO ORIGINAL: Los bobos
DIRECCIÓN: Basovih Marinaro y Sofía Jallinsky.
GUION: Basovih Marinaro.
ELENCO: Sebastián Romero Monachesi, Cecilia Marani, Fiona Gollob, Liliana Weimer, Florencia Bergallo, Verónica Gerez.
PAÍS: Argentina
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