Mucho más allá del neón
Cuando una misteriosa niebla envuelve una metrópolis futurista y libera una presencia letal, se cruzan las búsquedas de una mujer que quiere encontrar a su padre con la de un soldado inmerso en una odisea para rescatar a su hija, en la nueva y grandiosa película de Nicolas Winding Refn director de Drive.

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Por Gastón Dufour
El director Nicolas Winding Refn construye películas como si cada plano tuviera que sobrevivir por separado. En Su propio infierno, esa tendencia alcanza una dimensión particular: colores fluorescentes, luces artificiales, cuerpos convertidos en superficies, música envolvente y una puesta en escena que parece diseñada para producir un estado de trance, en un acercamiento a lo kitsch y su evidente filiación con el giallo construyen una estética reconocible, aunque esta vez esa sofisticación formal parece tener más peso que la sustancia. Hay una búsqueda clara y, por momentos, imágenes de una potencia indiscutible. El problema aparece cuando la película necesita algo más que esas imágenes para avanzar.
La historia de Su propio infierno parte de una premisa atractiva y extraña, con una ciudad futurista, una amenaza inexplicable y personajes atravesados por la pérdida y la búsqueda. Refn propone un universo donde la realidad parece a punto de desintegrarse. Sin embargo, cuanto más avanza la película, más evidente resulta que esa atmósfera tiene mucho más desarrollo que los propios personajes. Las situaciones plantean preguntas, pero pocas encuentran una verdadera elaboración dramática.
No se trata de reclamarle a Refn una narración convencional. Su cine nunca funcionó así. El problema está en otro lugar: Su propio infierno parece confiar demasiado en que la forma puede producir por sí misma una experiencia narrativa. El color sugiere estados de ánimo, el montaje introduce asociaciones, los silencios generan una sensación de extrañeza y la música amplifica cada momento; es decir, análisis de manual. Pero detrás de ese dispositivo falta una estructura capaz de sostener el interés más allá de la simple fascinación visual.
La película tiene algo de experimento sensorial y algo de ejercicio de estilo. Refn vuelve a demostrar que sabe construir un universo propio, reconocible desde los primeros minutos. Pero también expone una de las limitaciones de ese método: cuando la estética ocupa casi todo el espacio, la narración queda reducida a un soporte para las imágenes.
Por eso Su propio infierno resulta más interesante por lo que propone visualmente que por lo que consigue contar. Hay ideas sobre la pérdida, la identidad, la violencia y la relación entre padres e hijos, pero aparecen como destellos confusos dentro de una maquinaria formal mucho más ambiciosa que su contenido.
Quizás ahí esté la verdadera paradoja. El director quiere llevarnos a un territorio extraño, incómodo, casi alucinatorio, pero el viaje necesita algo más que neón y atmósfera. Necesita personajes que importen, conflictos que evolucionen y una historia capaz de convertir esas imágenes en algo más que puro estímulo.
El infierno, esta vez, no está necesariamente en la historia. Tal vez está en quedarse demasiado tiempo contemplándose a sí misma al espejo.
TÍTULO: Su propio infierno
TÍTULO ORIGINAL: Her Private Hell
GÉNERO: Drama.
ORIGEN: Dinamarca.
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