Un thriller tan correcto que asusta
Tras la desaparición de su hijo, un viudo recurre a la ayuda de su padre ausente: un detective retirado que, años atrás, encarceló al asesino serial vinculado con este caso.

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Por Ignacio Rapari
La nueva producción de Netflix, Susurran tu nombre, basada en la novela homónima del escritor de policiales Alex North, reúne todos los elementos que desde hace ya varios años resultan tan típicos como efectivos para atraer al público masivo: un inescrupuloso asesino serial —en este caso, con niños como víctimas para que el impacto sea aún mayor—, giros de trama y, en definitiva, casos tan oscuros y truculentos como para que la atención se mantenga más por las propias vicisitudes de las investigaciones que por las virtudes artísticas de las obras. Siempre es un buen momento, entonces, para remitirse a El silencio de los inocentes, a los policiales de David Fincher —desde Se7en hasta Zodíaco y Perdida— y, más aún, cuando existe la posibilidad de moldear el género de acuerdo con los estándares de consumo actuales.
Susurran tu nombre sigue a Tom Kennedy (Adam Scott), un escritor y padre viudo que se muda con su hijo a un pueblo tranquilo que años atrás fue aterrorizado por un asesino en serie conocido como El Susurrador. Aunque el asesino ya está condenado, una nueva ola de crímenes sacude al pueblo y la conexión entre pasado y presente no tarda en salir a la luz. Especialmente cuando sea el propio hijo de Tom quien desaparezca, lo que dará lugar a la participación en el caso de Pete Willis (Robert De Niro), el detective que atrapó al Susurrador y que resulta ser, nada más y nada menos, el padre distanciado de Tom, y de la detective Amanda Beck (Michelle Monaghan), quien, siguiendo las pistas de las nuevas víctimas, colabora junto con Willis para encontrar al niño desaparecido en una carrera contrarreloj.
Durante las casi dos horas de la nueva película del realizador irlandés James Ashcroft (Coming Home in the Dark y The Rule of Jenny Pen), hay un ritmo lo suficientemente dinámico como para que la experiencia hogareña no resulte interrumpida por cualquier tipo de estímulo y una atendible necesidad de mantener este relato alejado de cualquier tipo de marca distintiva o atisbo de emoción. En ese sentido, es notable cómo un típico policial americano termina resultando casi tan frívolo como cualquier thriller nórdico, especialmente de los que abundan en Netflix.
Desde un Robert De Niro en piloto automático y una Michelle Monaghan de nulo desarrollo (sí, absolutamente nulo) hasta un Adam Scott del que la película por momentos se olvida por completo, no hay nada en Susurran tu nombre que intente evocar algún tipo de ambición más allá de posicionarla en los primeros puestos durante algunas semanas, a pesar incluso de todo lo que quiere abarcar (porque habrá lugar hasta para alguna aproximación fantasmagórica). Sí, todo está ahí, pero nada parece tener demasiado peso más allá de su función dentro de una trama que avanza con la misma corrección con la que se olvida.
Ni la fotografía oscura —pero prodigiosa— del gran Peter Deming, colaborador de Sam Raimi en Evil Dead II, Wes Craven en Scream 2 y Scream 3, y David Lynch en Carretera perdida y Mulholland Drive; ni la verborragia de un asesino interpretado por un Michael Keaton que tarda en entrar en escena; ni la exposición de niños sin vida hacen que Susurran tu nombre sea más que un thriller tan correcto que fastidia.
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