Héroes nacionales
Tras la muerte del embajador ruso en sospechosas circunstancias, los policías poco profesionales Gutiérrez y Torcoletti toman el caso en una carrera por la investigación ante la mismísima CIA, sin saber que el hecho esconde oscuros secretos que pueden generar la Tercera Guerra Mundial.

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Por Ignacio Pedraza
En la búsqueda por generar propuestas que permitan llegar al público de manera amplia, varios estudios y plataformas de streaming recurren a ciertas fórmulas que, a priori, no debería fallar: si uno piensa una comedia de acción que tenga un humor ácido y no pierda las raíces idiosincráticas –sin descuidar su poder de expansión global-, la dupla de Darío Barassi y Yayo Guridi como policías descuidados y corruptos sería el sueño de varios de ellos, y Disney+ terminó por cumplírselo: los dos comediantes, de notable actualidad tanto en la pantalla chica como en las redes sociales, protagonizan Gutiérrez is mai neim (2026).
La nueva serie creada por Jesús Braceras y Gabriel Nicoli inserta a las dos figuras en una clásica situación de caso más grandilocuente para sus características, donde sus limitaciones deben ser suficientes para salvar el mundo o, en este caso, una potencial Tercera Guerra Mundial. Es que cuando aparece muerto el embajador ruso en la jurisdicción donde patrullan Gutiérrez (Barassi) y Torcoletti (Guridi), dos policías con pocas luces y totalmente corrompidos, la dupla entenderá que es su momento para el show y de sobresalir entre las fuerzas; más aún cuando la mismísima CIA, a través del agente Mike Robinson (Andrew Vezey), meterá las narices para investigar.
Apuntando a todo el carisma de sus protagonistas -el sanjuanino ha sabido demostrar diferentes facetas en sus múltiples interpretaciones; mientras que el cordobés posee un registro misterioso y fortuito propicio para la comedia-, el proyecto puede traer al recuerdo la icónica Mosca y Smith (2005) y en menor medida a la reciente División Palermo (2023), pensándola en términos de comedias policiales argentinas. Tanto en la rememoración a la dupla comandada por Fabián Vena y Pablo Rago –este último sería reemplazado posteriormente por Tomás Fonzi– como en el humor disparatado utilizado en la creación de Santiago Korovsky, los antecedentes del género no son vastos, pero sí positivos en nuestro país, por lo que permite ser atrapante para el público.
La parda fotografía de Daniel Ortega presenta un conurbano apático y decadente, que va en tono a la pesadumbre de sus dos figuras y a la sensación desoladora de los pagos en los que trabajan, ya sea la propia comisaria encomendada por el comisario Capote (Abián Vainstein) como por los barrios marginales de la Provincia de Buenos Aires -hay cierta idea de segregación todo el tiempo que puede coquetear con el estereotipo- que también permiten darle esa inscripción a diferentes instituciones del orden social. Sin embargo, ese desconsuelo origina las situaciones humorísticas de los dos policías, que no cuentan con gran desarrollo de sus personalidades más allá de lo situacional, imponiéndose sobre una trama de bajo vuelo que sirve para la ocasión. La musicalización de Sergei Grosny permite ejemplificar estas ideas, con tonalidades conductistas tanto al -mínimo- suspenso de la historia como a su comicidad.
Lo más interesante de Gutiérrez is mai neim es que no falla en su objetivo y, para aquellos que han disfrutado de sus dos protagonistas en otros ámbitos, acá los podrán visualizar en una historia pasatista pero efectiva, donde todo está servido para que se luzcan.
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