Anya Thelma-Louise
La estafadora Lucky vive la buena vida junto a su pareja Cary, pero cuando su último trabajo tiene consecuencias para ellos y sus familiares, la joven deberá comenzar una carrera contrarreloj ante todo tipo de peligros.

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Por Ignacio Pedraza
Dentro de los múltiples estrenos en la acotada grilla de Apple TV+, el nombre de Jonathan Tropper es uno de los más habituales en el último tiempo: ya con dos temporadas de su creación Amigos y vecinos (Your Friends and Neighbors, 2025) y pasado como guionista de See (2019), la última colaboración entre el showrunner y la plataforma de la manzanita es Lucky (2026), la miniserie protagonizada por Anya Taylor-Joy, representando la vuelta de la actriz a la pantalla chica tras la elogiada Gambito de dama (Queen´s Gambit, 2020).
Lucky (Taylor-Joy) tuvo un pasado repleto de estafas, siendo aprendiz de su también timador padre John (Timothy Olyphant), quien está cumpliendo su condena en la cárcel, pero ahora disfruta de la buena vida gracias a su último trabajo junto a su pareja Cary (Drew Starkey) en Las Vegas. Sin embargo, dicho fraude le traerá consecuencias a la dupla de jóvenes, ya que son perseguidos tanto por el FBI, a través de la agente Rand (Aunjanue Ellis), como por la peligrosa líder Priscilla (Annette Bening).
La historia de siete episodios se centra en la persecución hacia la protagonista, con un guion del propio Tropper y Cassie Papas –basado en la novela de Marissa Stapley– que tiene como objetivo primordial el intento de mantener a puro ritmo la trama. A través de flashbacks conoceremos el pasado de la joven y su formación, junto a los aspectos relacionales tanto con su padre como los personajes de Starkey y Bening, pero lo esencial está centrado en la odisea que debe trazar la misma cuando la consecuencia de sus timos la tienen como sospechosa.
En este argumento incesante, los giros de trama son habituales y cada parada del personaje principal se siente como distintos desafíos a resolver, con cierta reminiscencia a los road movie debido al mapeo que abarcan las aventuras de cada episodio. Tomando como homenaje al film de Ridley Scott de 1991, Taylor-Joy parece encarnar a los personajes interpretados tanto por Geena Davis como Susan Sarandon ante los peligros que representan Whittaker (un siempre siniestro William Fichtner) como las fuerzas de seguridad, secundados por la propia Priscilla y Dutch (Clifton Collins Jr.); pero dicha referencia no solo pasa por la propia persecución, sino por las sublecturas que permite el arco de la protagonista, con la toxicidad del camino del delito, la posible redención y los de sus círculos, principalmente con el personaje de Olyphant.
Respecto al ritmo narrativo, los directores Tropper, Jet Wilkinson y Jonathan van Tulleken presentan un inicio frenético con interesantes secuencias de acción. Más allá de que promediando el proyecto el tono puede sentirse más sosegado ya que el foco está provisto en el desarrollo de algunos personajes –sumado a escenas del pasado que le den mayor volatilidad a los mismos-, sobre el cierre se retoma dicho compás y su incursión en el género puede sentirse natural, sin muchas pretensiones.
Si a esto le sumamos una luminosa fotografía de Yaron Orbach –que si bien puede llamar la atención para el género, permite resaltar las secuencias- y la musicalización de Isabella Summers –junto al tema principal creado e interpretado por Fiona Apple– logran darle un estilo propio al estreno.
Más allá de tener varios atributos positivos, con una Taylor-Joy demostrando su capacidad para protagonizar historias –en esta ocasión ejerce de productora ejecutiva junto a Resse Whiterspoon-, la capacidad de Lucky de ser entretenida es igual de pasatista, sin innovar en ningún aspecto y que permite despertar un buen momento sin que logre ser perdurable en el tiempo.
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