1 de octubre de 2026
VERITY

Un thriller hecho de retazos

La reconocida autora Verity Crawford toma a Lowen Ashleigh, una escritora en dificultades que se muda a su remota finca para escribir en su nombre. Pero después de que Lowen descubre lo que parecen ser las inquietantes notas autobiográficas de Verity, se enfrenta a perturbadoras y retorcidas confesiones sobre el esposo de Verity, Jeremy, mientras lucha por distinguir entre la ficción y la realidad, la manipulación y la atracción, y la oportunidad y la obsesión.


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Por Gastón Dufour

Hay películas que parecen construidas a partir de otras películas. Verity, dirigida por Michael Showalter y protagonizada por Anne Hathaway, Dakota Johnson y Josh Hartnett, es una adaptación de la novela homónima de Colleen Hoover, pero pertenece decididamente a esa categoría de películas que nos remiten a decena de otras. El problema no es que tome elementos reconocibles de otros thrillers: el cine vive de las referencias, las relecturas y las apropiaciones. El problema aparece cuando esas referencias no terminan de convertirse en una película propia.

La historia parte de una premisa que podría haber dado bastante más. Lowen Ashleigh, una escritora con dificultades para sostener su carrera, llega a la casa de la célebre Verity Crawford para continuar como escritora fantasma una serie que la autora ya no puede terminar después de un accidente. Allí encuentra unos escritos autobiográficos que parecen revelar secretos terribles sobre Verity, su marido Jeremy y la familia. A partir de ese momento, ficción y realidad empiezan a mezclarse.

Hasta ahí, todo bien. El problema es que Verity parece convencida de que alcanza con juntar piezas conocidas para producir automáticamente suspenso. Hay ecos evidentes de Misery, una voluntad de jugar con el universo de Hitchcock, cierta estructura de thriller psicológico contemporáneo y una sucesión de elementos que recuerdan a otras películas recientes donde la gran promesa es una vuelta de tuerca capaz de cambiarlo todo.

Pero una vuelta de tuerca no funciona porque exista: tiene que modificar retrospectivamente aquello que vimos y, sobre todo, tiene que resultar verosímil dentro del mundo que la película construyó. Acá el guion es un colador. Los personajes toman decisiones porque la película necesita que las tomen, las situaciones aparecen porque hace falta conducir al espectador hacia el siguiente giro y muchas de las revelaciones parecen diseñadas antes que pensadas. El resultado es una historia que pide constantemente que creamos en circunstancias que no resisten demasiado análisis.

Y después está la música. Puede parecer un detalle menor frente a los problemas del guion, pero termina siendo parte del mismo problema. Las canciones y los subrayados musicales son tan parecidos entre sí, tan insistentes y tan previsibles, que terminan acompañando cada escena como si alguien tuviera miedo de que el espectador no entendiera qué debería sentir. Suspenso, deseo, amenaza, peligro: todo tiene su correspondiente indicación sonora. Y cuando la música deja de construir una atmósfera para limitarse a remarcar la acción, se vuelve casi involuntariamente cómica.

Lo más extraño es que Verity tiene actores capaces de sostener una película mucho más compleja. Hathaway parece entender que hay algo deliberadamente excesivo en el material y juega con esa posibilidad; Johnson carga buena parte de la película sobre sus hombros; y Hartnett aporta una presencia que el guion nunca termina de aprovechar. Pero ninguno puede resolver los agujeros de una historia que confunde misterio con acumulación de secretos.

El resultado produce una sensación casi inexplicable. Por momentos, uno mira la pantalla como Phoebe en Friends frente a algo completamente absurdo: ¿esto realmente está pasando? ¿Alguien leyó este guion antes de filmarlo? El problema es que Verity no parece registrar sus propios excesos. Se toma demasiado en serio mientras intenta jugar con los clichés del thriller. Y cuando finalmente llega el momento de explicar todo, la película vuelve a apostar por esa supuesta revelación definitiva que debería ordenar lo anterior. Pero esta vez tampoco alcanza. No porque el final carezca de ambigüedad, sino porque para que una ambigüedad funcione primero tiene que existir una construcción sólida que permita sostenerla.

Verity quiere ser «hitchcoriana», quiere ser un thriller erótico, quiere desconcertar y quiere regalar una gran revelación final. En el camino, termina siendo un poco de todo eso y, lamentablemente, demasiado poco de una película que tenga algo propio que decir.


TÍTULO: Verity: La sombra de un engaño
TÍTULO ORIGINAL: Verity
DIRECCIÓN: Michael Showalter.
ELENCO: Anne Hathaway, Dakota Johnson, Josh Hartnett.
GÉNERO: Thriller. Suspenso. Drama.
ORIGEN: Estados Unidos.

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