Sección: Competencia Latinoamericana

Dirección: Marcos Lloyza
Idiomas: Español
Color: Color
Minutos: 87
Director de fotografía: Nelson Wainstein
Guion: Marcos Loayza
Año: 2018
Formato: DCP
Sonido: Federico Moreira
Edición: Fabio Pallero
País: Bolivia
Dirección de arte: Abel Bellido
Música: Federico Moreira, Gabriel Estrada
Productor: Santiago Loayza Grisi
Intérpretes: Paolo Vargas, Alejandro Marañon, Freddy Chipana, Luigi Antezana, Bernardo Rosado
Producción ejecutiva: Santiago Loayza Grisi, Alejandro Loayza Grisi, Marcos Loayza
Compañía productora: Alma Films, Suertenpila

El joven lustrabotas Tupah se lanza a un frenético viaje en busca de su tío Jacinto, perdido en el Averno. En una peligrosa travesía por el inframundo, mito y realidad se confunden al infinito y la noche paceña cargada de muerte devela el rostro más oscuro y surreal del imaginario andino.


Por Ayelén Turzi

En medio de la competencia Latinoamericana del 20 BAFICI hay una película que resulta llamativa, alejándose de los postulados generales de la sección. Averno, de Marcos Lloyza, nos propone seguir a Tupah, un lustrabotas, quien debe iniciar un viaje para buscar a su tío por pedido de un misterioso hombre desconocido. El resultado le dibuja al cinéfilo una sonrisa enorme en la cara.

Tupah (Paolo Vargas) tiene un sueño extraño. Un bosque, una serpiente que se le enrosca en el cuello y su tío Anselmo, ya fallecido. Despierta, lo conversa brevemente en familia y sale a la calle, donde se reúne con un grupo de chicos iguales que él, que se desempeñan como lustrabotas vistiendo pasamontañas. Un extraño, vestido de traje negro, que contrasta fuertemente con el paisaje rural y casi pobre en el que se encuentran, le da dinero para que traiga a su tío Jacinto, hermano de Anselmo. El problema es deberá buscarlo en el averno. Se inicia allí el recorrido de Tupah, camino onírico, irreal, estilizado, lleno de extravagantes personajes que lo ayudarán en su empresa o se opondrán a su objetivo.

Lloyza no plantea un film de corte clásico, sino que podría definirse como una especie de road movie a pie a lo largo de una ciudad de La Paz de ensueño. Tupah no tiene muchas ganas de buscar a su tío, es su entorno casual lo que lo va empujando. Estas personas que se cruza sí responden a ciertos arquetipos clásicos o universales: la prostituta que le ayuda a escapar, un hombre pálido que cojea y le propone enigmas cual esfinge, un personaje aparentemente invencible con quien se bate a duelo y una extraña figura que, cual demonio, le propone firmar un contrato de dudosas condiciones. Todos ellos tienen comportamientos impredecibles, oscuros, cercanos a la locura, lo que da la sensación que Tupah corre riesgo todo el tiempo. Le recomiendan no bajar al Averno esa noche, pero no son muy específicos respecto a los motivos. Parecen ocultar más de lo que dicen, generando un halo de misterio constante. No conocemos las reglas de este mundo fantástico, todo es duda y ambigüedad. Y el peligro al que se enfrenta, a pesar de ser nombrado de manera volátil, poco concreta, de ser apenas sugerido, no deja de ser una amenaza.

Tupah va atravesando diferentes lugares, cada uno caracterizado por fuerte identidad estética distintiva. Cercanos, en habitaciones contiguas o a una escalera de distancia, pero a la vez tan dispares que en el mundo real no podrían coexistir nunca. Uno de los primeros espacios a los que llega es “La Oficina”: escritorios de oficina estilo años 50, con lámparas verdes y máquinas de escribir… pero en la práctica es un bar. Todas las personas que ocupan sus mesas están bebiendo y conversando. Se subvierte la funcionalidad de los espacios trabajando en el mismo sentido de enrarecimiento onírico general que enmarca la peripecia.

Los espacios exteriores que no se ven intervenidos por decisiones estéticas, adquieren esa misma sensación de ensueño a través de la iluminación, que los pinta de colores alejándose de cualquier propuesta naturalista.

a cámara, inquieta, en movimiento constante, acompaña a nuestro amigo en todo el trayecto. Descubre los espacios, se acerca, se aleja, dota a toda la historia de un dinamismo magnético, que se ve reforzado por una musicalización que por momentos te pone la piel de gallina.

Una rareza tanto en la pantalla del festival como en la producción típicamente boliviana, Averno se instala como una película única y diferente. De corte narrativo moderno, con una cámara curiosa que no se queda quieta, una propuesta de arte y fotografía que genera espacios únicos y una galería de personajes que van desde la ternura hasta la repulsión, Loayza logra que te sumerjas en un universo onírico para acompañar a Tupah en su misión.