15 de abril de 2024

El viejo sexo nunca muere

El regreso de Cronenberg a la dirección con Crímenes del futuro –y a la carne- fascina, inquieta y provoca en partes iguales.


Por Ignacio Rapari

Ya es sabido que la nueva Crímenes del futuro (Crimes of the Future) no es ni reboot, ni secuela –aunque sí, hay nuevos órganos que crecen en el cuerpo- de la segunda película de David Cronenberg, titulada de la misma manera. Dos largometrajes independientes dentro de la filmografía de un mismo director que comparten el mismo título. Sin dudas una rareza, aunque quizás más lo sea hablar de continuaciones o reinicios tratándose de Cronenberg. No obstante, Crímenes del futuro es sin dudas un regreso absoluto. Tanto al ruedo como a las primeras –e irremplazables- obsesiones e interrogantes del director canadiense.

No es fácil limitar Crímenes del futuro a una mera sinopsis. El hecho de hacerlo es algo así como una obligación. “No queda otra, contá de qué va”. En cambio, es más sencillo detallar con qué nos podemos encontrar. Como era de esperarse, hay mutilaciones, atrocidades y cuerpos que mutan en un futuro en el que lo irreconocible inquieta, y hasta se torna completamente seductor. Sin embargo, los habituales registros de Cronenberg no son necesariamente una fiesta como -también- se presumía.

El fantástico que plantea el director, sin lugar a dudas, resulta fascinante. La elección de las locaciones (y hasta sus limitaciones, a raíz de los protocolos sanitarios que condicionaron el rodaje) y la expansión de sus ideas en relación al body horror, subgénero que lo consagró pero que hace más de 20 años no trabaja, demuestran que los universos del canadiense lejos están de alcanzar un techo. Sin embargo, la notable muestra artística puede perder lugar frente a las relaciones entre cada idea. Sorpresivamente, el énfasis en describir este futuro con tantas palabras resta en varias oportunidades el poderío de cada idea fantástica.

Los fanáticos de Cronenberg -probablemente- no deban hacerse muchas preguntas más allá de las que surjan directamente de esta apabullante distopía en la que la cirugía es el nuevo sexo. ¿Cómo no preguntarse sobre la posibilidad de placeres inexistentes e indescriptibles o sobre la ausencia definitiva de dolor? ¿Cómo no celebrar la respuesta de Cronenberg a esos interrogantes? Por su parte, aquellos que perciban algo de indiferencia (superar el “algo” es imposible) no se alarmen. No es de las mejores bienvenidas para quienes no conozcan del todo al maestro del body horror. Pero en el viejo sexo (con Videodrome como el pico del placer), aquel al que está acostumbrado Saúl Tenser (Viggo Mortensen), están los grandes estímulos que anteceden a este repulsivo pero irresistible regreso.


Cuando la especie humana se adapta a un entorno artificial, el cuerpo humano es objeto de nuevas transformaciones y mutaciones. Con la ayuda de su compañera Caprice (Léa Seydoux), Saul Tenser (Viggo Mortensen), célebre artista performativo, escenifica la metamorfosis de sus órganos en espectáculos de vanguardia. Timlin (Kristen Stewart), una investigadora de la Oficina del Registro Nacional de Órganos, sigue de cerca sus prácticas. Es entonces cuando un grupo misterioso aparece: desean aprovechar la fama de Saul para revelar al mundo la próxima etapa de la evolución humana…

TÍTULO ORIGINAL: Crimes of the Future
DIRECCIÓN: David Cronenberg
GUION: David Cronenberg
MÚSICA: Howard Shore
FOTOGRAFÍA: Douglas Koch
ELENCO: Viggo Mortensen, Léa Seydoux, Kristen Stewart, Scott Speedman, Welket Bungué, Don McKellar, Lihi Kornowski, Tanaya Beatty, Nadia Litz, Yorgos Karamihos, Yorgos Pirpassopoulos, Denise Capezza, Ephie Kantza, Jason Bitter
PAÍS: Canadá
GÉNERO: Ciencia ficción. Fantástico. Terror.

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