15 de mayo de 2026
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El exitoso escritor de best-sellers, Greg Russo, va a dar una charla en la prestigiosa Ludlow College. Más allá de sentirse sapo de otro pozo y ser juzgado por sus pasatistas novelas, el protagonista tendrá la posibilidad de dar clases durante un semestre en la universidad, y así poder estar más cerca de su hija Katie, quien también enseña allí.


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Por Ignacio Pedraza

Tres años atrás, los caminos de Bob Odenkirk y AMC se volvían a unir para entregarnos Lucky Hank (2023), una serie basada en un profesor universitario en plena crisis de mediana edad dentro del universo académico, con una comicidad que atacaba sobre ese ambiente serio de ideas y reflexiones. El proyecto no corrió con una gran suerte y fue bastante olvidable, pero el concepto se mantuvo: quien recoge el guante esta vez es Steve Carell, para traernos Rooster (2026).

Greg Russo (Carell) ha escrito una saga muy exitosa que lleva de nombre el título de la serie, por lo que es invitado al ficticio Ludlow College, una universidad donde da clases su hija Katie (Charly Clive) y su exesposa Elizabeth (Connie Britton) es una figura ilustre del edificio. Luego de una charla que funciona a medias, el protagonista se verá obligado a quedarse como profesor en el centro de estudios durante un semestre para cuidar de su descendiente, tanto por la crisis con su marido Archie (Phil Dunster) como por una especie de extorsión del decano Walter (John C. McGinley).

A partir de allí, Greg encontrará un mundo al que él no está acostumbrado: sus best-sellers no son considerados propicios para el mundo académico al ser consideradas “lecturas pasatistas de verano”, de ahí que las clases con sus intelectuales estudiantes son un verdadero desafío. A ello se le suma su nula experiencia en ese ambiente, al no haber estudiado anteriormente, por lo que junto a pintorescos personajes tendrá las vivencias de un estudiante más.

El proyecto de diez episodios de HBO fue creado por Bill Lawrence y Matt Tarses. Si nos basamos principalmente en el primero de esos nombres, Lawrence es un especialista en la comedia de pantalla chica –el segundo también, pero en menor cantidad-, viniendo de una seguidilla con las propuestas del género en la plataforma de Apple TV+Ted Lasso (2020) y Shrinking (2023)- y de antecedentes icónicos como Scrubs (2001) –de hecho el protagonista de aquella serie, Zach Braff, dirige dos capítulos del estreno- por lo que su código disparatado y de gags constantes logra visualizarse de manera evidente.

A diferencia de los shows protagonizados por Jason Sudeikis, por un lado, y Jason Segel y Harrison Ford por el otro, Rooster no cuenta con tantos momentos dramáticos que podrían pausar la comicidad, como si la dupla creativa decidiera tomarse un descanso de lo intimista o –entre muchas comillas- crudo y decidiera abordar la serie más hacia lo pasatista. Más allá de las problemáticas que Russo y compañía deben afrontar, ninguna tiene una profundidad muy espesa y lo situacional se impone como rasgo característico.

Ante estas lógicas, Carell se pone el overol –se lo ve mucho más dispuesto en comparación a su último antecedente, la pálida Las cuatro estaciones (2025)- y no le teme al ridículo, como para que su personaje logre ser patético –sin llegar a su emblemático Michael Scott– y entrañable en partes iguales. Junto a él, hay un buen reparto secundario en un registro homogéneo que no permite mutismos ni rigurosidad.


Más allá de que las risas son lo primordial, el guion favorece algunos arcos argumentales, donde salen beneficiados los personajes de Dunster y Clive. Estos dos tienen los desarrollos más interesantes, con caminos inversos que permiten despertar el interés –ya sea tanto de amor como de odio- del público. Por otra parte, figuras como las de Dylan (Danielle Deadwyler) tienen un comienzo prometedor que no se termina de materializar.

A diferencia de la serie que mencionamos en el inicio, el reciente estreno de HBO tiene un punto a favor: no se queda en la mitad, y desde su arranque se ofrece como una simple comedia pasatista y sin muchas pretensiones, con un Carell entusiasmado y que demuestra lo grande que es para estos papeles. Si a esto le sumamos una interesante fotografía opaca a cargo de Blake McClure, Rooster cumple con sus propósitos, sabiendo que no estamos ante una obra maestra pero sí efectiva.


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