Edwin Porter y el nacimiento del cine tal como lo conocemos hoy

A principios del Siglo XX el cinematógrafo Lumière había dejado de ser una novedad tecnológica, su explosivo éxito se había extinguido y el gran público estaba perdiendo interés y ya no asistía en masa a las cada vez más aburridas y similares proyecciones de películas. En Europa los trucos de Méliès se volvieron tan populares que dejaron de sorprender y, como vimos en el episodio anterior, los pioneros ingleses de la Escuela de Brighton habían tomado la posta aportando nuevos recursos para dar los primeros pasos en la creación de un lenguaje cinematográfico.


Por Rodrigo Álvarez

Los creadores del cine, los primeros realizadores de “películas”, descubridores e inventores de técnicas, Edison y los pioneros europeos nunca tuvieron conciencia de las posibilidades estéticas y expresivas del cine. Nuestros amigos de Brighton fueron fundamentales en la Historia porque fueron los primeros que se acercaron a la idea de cine como “arte”, idea que no se completaría sino hasta unos años más tarde en Estados Unidos. Recordemos que los productores que querían hacer películas pero no estar sujetos al Trust monopólico de Edison habían decidido emigrar a la costa oeste y habiendo encontrado el lugar ideal para establecerse (buen clima, terrenos baratos, mucha mano de obra a disposición y principalmente, bien lejos de Edison) fundaron una pequeña pero incipiente industria cinematográfica en los alrededores de un pequeño pueblo llamado Hollywood. Pero no nos adelantemos porque en New York un empleado de Edison sería el que diera el puntapié inicial para la realización de películas tal como las conocemos hoy. Veamos…

Edwin Porter fue un director de películas del estudio de Edison. Comenzó como proyeccionista, realizando viajes por EEUU y América del Sur mostrando cortos producidos por su empresa y con los años llegó a convertirse en la figura más prominente del Estudio. Porter fue un excelente alumno de los pioneros europeos y en sus películas se hicieron habituales los recursos de Méliès y principalmente los de la Escuela de Brighton. Al tener la libertad de experimentar en sus proyectos, Porter empezó a tomar riesgos y utilizar ideas que hasta entonces nadie había plasmado en la pantalla, como por ejemplo transiciones en lugar de cortes abruptos entre escenas o intercalado de planos interiores y exteriores. Sin embargo la verdadera revolución llegaría en dos de sus películas más importantes.

En 1903 Porter estrena La vida de un bombero americano (Life of an american fireman) en donde por primera vez construye una historia cinematográfica a partir de material ya filmado y mezclado con tomas propias. Es la primera película en la que podemos ver un montaje tal cual lo conocemos hoy en día.

En el corto Porter utiliza diferentes recursos, viejos y nuevos, para transmitir al espectador una historia con continuidad y desarrollo lógico, darle sentido a la narración, como por ejemplo la utilización un primerísimo primer plano para la mano que acciona la alarma. Sin embargo lo más importante es el uso del intercalado de diversos planos en diferentes lugares para crear el “cross-cutting” o montaje paralelo o de continuidad, una técnica de edición en la que a un plano con una acción le sigue otro plano con otra acción, dando la idea de que ambas acciones suceden al mismo tiempo, en diferentes lugares.

Ese mismo año, Porter presenta la que sería su película más famosa e importante: Asalto al tren del dinero (The Great Train Robbery):

En los 12 minutos del corto (un solo rollo de película), Porter vuelve a utilizar todos los recursos hasta ahora inventados para lograr un verdadero Western. Saca la cámara de la comodidad del estudio y la ciudad y utiliza escenarios naturales para las tomas de exteriores y por supuesto filma desde arriba del tren. El uso del montaje paralelo (Cross cutting) y los planos desde diferentes ángulos para una misma escena se vuelven fundamental en la película para expresar la simultaneidad de acciones y darle continuidad al relato. Al final del corto vemos un primer plano que no tiene que ver con la narración (Porter decía que podría también estar ubicado al principio del film) pero su importancia radica en que es el primero de la historia que interpela al espectador y causó furor en la época. En síntesis, Porter crea el primer film de acción y Western de la historia.

Luego de varias películas más con Edison, Porter se va de la empresa y funda su propia productora. Los pasos agigantados de la industria de entonces y el gran desarrollo que se estaba llevando a cabo en Los Ángeles (Porter estaba radicado en Nueva York) hicieron que se “estancara”, no pudiera seguir el ritmo de producciones cada vez más grandes y costosas y filme cada vez menos. Luego de unos años, Porter vendió su empresa. Su última película se llamó Jim the penman que, aunque no lo crean, era en 3D.

El legado de Porter va mucho más allá de ese recordado primer plano del bandido disparando al público. El montaje paralelo de sus películas marcó el camino por donde deberían transitar los realizadores para dotar de un sentido a las imágenes y a la narración sin que el cineasta deba explicarlo con palabras, fue el comienzo de un verdadero lenguaje cinematográfico, la base de la Teoría del Montaje de Eisenstein y el maestro de la generación que dio inicio a Hollywood, encabezada por supuesto por D. W. Griffith