6 de julio de 2026
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Ante la censura de Bob Lipka a Deborah Vance, la comediante junto a su carismático grupo buscará diversas herramientas y huecos legales para poder trabajar sin pagar las consecuencias, en otra cruzada de la protagonista ante el sistema.


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Por Ignacio Pedraza

Dice un cantautor español: “No aprenderé nunca a retirarme a tiempo”. Con el riesgo que corren varias de las series –o sagas en la pantalla grande- de llegar a la reiteración hasta perder algo del magnetismo que las posicionaron en lo más alto, Hacks (2021) siempre entendió hacia dónde iba la historia, y cuando la meseta podía amenazar, su creadora Lucia Aniello da un ejemplo artístico y presenta una historia madura y consciente de lo que es y que puede dar.

Es inevitable pensar que la química entre Deborah (Jean Smart) y Ava (Hannah Einbinder), sus histrionismos y pasajes del amor al odio y viceversa podían darnos incontables situaciones, pero quizá más grande que las dos figuras principales estaba el contar respecto al choque generacional y de estilo, el recorrido de la comediante en la industria y el rol de la mujer en la misma. Si todo ello, que ya había contado con una narrativa atrapante, adrenalínica y a la vez totalizadora sobre el entretenimiento no podía brindar nuevos relatos, bienvenido sea el saber cuándo parar.

No obstante, la quinta temporada contaba con un disparador muy interesante: el gran sueño de Vance de tener su propio late show se vio opacado por querer resguardar a la joven, sin tener en cuenta la consecuencia la imposibilidad de subirse a un escenario por el contrato con el magnate Bob Lipka (Tony Goldwyn). A partir de allí, la protagonista y su séquito buscarán darle la vuelta para que pueda volver hacer lo que más saber: hacer reír.

Dicho periplo ofrece situaciones alocadas que, bajo la dirección de la propia Aniello, Paul W. Downs, Jeff Rosenberg y Jen Statsky, saben sacarle todo el jugo resaltando a sus personajes y características, que van desde querer ser una EGOT –ganar los premios Emmy, Grammy, Oscar y Tony– hasta quedarse colgada en el cielo de Las Vegas. A lo largo de los diez episodios, muchas de estas ocasiones cuentan con diferentes tonalidades: si bien todas van desde la comicidad, algunas cuentan con buena capacidad de mayor espesura –hay un lindo cierre con “DJ” (Kaitlin Olson)- y otras que permiten brindar pasajes más pasatistas –una grata participación de Cherry Jones y Leslie Bibb-.

Sin embargo, más allá de lo ligero que pueden ser por algunos momentos, es inevitable pensar que todo está servido para el cierre del show, y principalmente para darle un concluyente arco argumentativo al personaje de Smart –en especie de homenaje tanto a la actriz como a su Deborah-, y a la vez poder brindarnos esas ricas interacciones con Ava, siendo una de las duplas más importantes de los últimos años en la pantalla chica. Asimismo, la serie también otorga su lugar para despedidas de figuras del reparto que han sabido posicionarse entre las dos protagonistas como son Jimmy (Paul W. Downs) y Kayla (Megan Stalter), otra de las parejas destacables.

La fotografía colorida y chic de Adam Bricker y las múltiples referencias a la industria –como siempre, la serie de HBO Max tiene algo que decir respecto a lo artístico y, en este caso, sobre la amenaza de la IA- vuelven a presentarse y dicen adiós por la puerta grande, con un pico de rendimiento en su noveno episodio –al igual que su temporada anterior- y, más allá de que vamos a extrañar a la ya icónica dupla, demuestra que una de las mejores cualidades también pasa por la prudencia.


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