19 de julio de 2026
THE ODYSSEY

La película más épica del director

Adaptación del clásico «La Odisea» de Homero. Los peligros y aprendizajes con los que se topa Odiseo, rey de Ítaca, de retorno a su casa luego de la mítica guerra de Troya.


Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.

Invitame un café en cafecito.app

Por Ignacio Rapari

Si hoy parece natural que Christopher Nolan adapte La Odisea, no deja de ser una decisión paradójica. El director que construyó una de las filmografías más asociadas a los relatos fragmentados, las estructuras laberínticas y los juegos temporales eligió ahora uno de los textos fundacionales de la tradición occidental, una historia que lleva casi tres milenios resistiendo el paso del tiempo. Vista en retrospectiva, la decisión parece inevitable. Después de explorar los sueños, los agujeros negros, la guerra, la creación de la bomba atómica y hasta el nacimiento de Batman, Nolan termina recurriendo al relato que, de algún modo, contiene todas esas obsesiones.

Sin embargo, el vínculo entre Nolan y Homero está lejos de ser caprichoso. El tiempo —esa obsesión a la que el británico nunca parece dispuesto a renunciar— también atraviesa el poema épico, aunque de una forma muy distinta a la de sus habituales rompecabezas narrativos. Pero, por encima de esa coincidencia, existe un rasgo que atraviesa toda su filmografía: la voluntad de filmar historias que desafíen la transitoriedad y aspiren a permanecer.

Me permito adoptar la primera persona para fundamentar con mayor claridad algunos puntos. Siempre me interesó el cine de Christopher Nolan. No diría que «siempre fui fan» porque la etiqueta me resulta algo torpe, pero sí admiré desde temprano esa búsqueda de permanencia que atraviesa cada uno de sus proyectos. Incluso cuando esa ambición parece derivar en cierta grandilocuencia autoimpuesta o en la construcción de un personaje deliberadamente anacrónico: un director que evita los smartphones y los correos electrónicos como si también quisiera mantenerse al margen de la aceleración tecnológica que domina nuestro tiempo.

Esa imagen pública terminó alimentando una caricatura que muchas veces se trasladó a la discusión sobre su cine. Desde hace años, sus detractores cuestionan la idea de que Nolan sea el gran formalista que muchos proclaman. Para ellos, detrás de la grandilocuencia conceptual no hay una puesta en escena especialmente rigurosa, ni un uso verdaderamente expresivo del plano, ni una construcción espacial de la acción que justifique semejante prestigio. Buena parte de su reputación, sostienen, descansa más en la complejidad de sus premisas, sus presupuestos y sus manipulaciones que en la precisión de su lenguaje cinematográfico.

Mientras veía La Odisea no podía dejar de maravillarme con la aparición del cíclope Polifemo. Pero, al mismo tiempo, me descubrí intentando descifrar la lógica interna de la secuencia: la disposición de los personajes, la geografía de la cueva, las relaciones espaciales y las dimensiones de ese escenario. Fue la primera vez, al menos en mi caso, que la deslumbrante capacidad de Nolan para construir imágenes convivía con una sensación de desconcierto que no nacía de la complejidad narrativa, sino de algo mucho más elemental: la puesta en escena.

Aun así, el cine de Nolan siempre pareció ir a contramano de la fugacidad que define buena parte del cine contemporáneo. Con el tiempo construyó un código compartido con públicos muy distintos: el cinéfilo, el espectador ocasional e incluso aquel que apenas pisa una sala unas pocas veces al año. ¿Lo consiguió gracias a sus historias? ¿A la escala de sus producciones? ¿A esa innegable manipulación musical y a su tendencia a convertir cada secuencia en un acontecimiento? Probablemente haya un poco de todo. Lo cierto es que La Odisea encuentra un material capaz de contener esa ambición sin que parezca injustificadamente desmedida.

La película sigue el regreso de Odiseo (Matt Damon) hacia Ítaca tras la guerra de Troya, mientras Penélope (Anne Hathaway) resiste el asedio de los pretendientes y Telémaco (Tom Holland) intenta sostener un reino que se desmorona. Nolan abandona cualquier linealidad para recuperar la estructura episódica del poema y construir un viaje quebrado, donde el tiempo vuelve a fragmentarse y cada desembarco parece pertenecer a un mundo distinto. Más que avanzar, Odiseo deambula por una geografía física y emocional cuya lógica responde menos al mapa que al recuerdo.

En La Odisea conviven casi todas las obsesiones que Nolan cultivó durante más de dos décadas. Está el regreso al hogar —la pulsión que movía tanto a Cobb en El origen como a Cooper en Interestelar—, el célebre salto de fe y, por primera vez, criaturas mitológicas y dioses que intervienen de manera explícita en el destino de los hombres. Lejos de representar una ruptura, ese universo fantástico dialoga naturalmente con preocupaciones que el director ya había explorado. Si Oppenheimer comenzaba evocando el castigo de Prometeo por entregar el fuego a la humanidad, aquí la Ley de Zeus vuelve a plantear el mismo interrogante: qué ocurre cuando el hombre decide desafiar un orden que lo trasciende.

Hay algo que La Odisea consigue de principio a fin: una experiencia inmersiva difícil de igualar. Cada desembarco, cada tormenta y cada nota de la extraordinaria partitura de Ludwig Göransson empujan al espectador a un viaje cuya escala se siente tan inmensa como íntima. Verla en IMAX 70 mm debe ser, desde luego, un privilegio. Pero nadie va a disfrutar menos la película por no tener acceso a ese formato, inexistente hoy en la Argentina. Lo verdaderamente importante es verla en una sala que haga justicia a su propuesta, con una buena proyección y un sonido capaz de transmitir toda la fuerza del trabajo de Göransson. La grandeza de La Odisea no depende de una única pantalla, sino de su capacidad para envolver al espectador desde el primer hasta el último plano.

No, no me gustó demasiado la secuencia de Polifemo. Tampoco terminé de convencerme con la interpretación de Robert Pattinson como Antínoo. Y siempre me costó aceptar que hay aspectos del cine de Nolan que, sencillamente, nunca terminará de dominar. Por más que quisiera. Pero también entendí que esos reparos ya no alcanzan para definir una película. Porque La Odisea consigue algo mucho más difícil: condensar todas las obsesiones de su autor en un relato que parece haber estado esperándolo desde el comienzo de su carrera. El tiempo, el regreso al hogar, la fe, la culpa, el peso de la historia y, por encima de todo, esa obstinación por desafiar lo imposible. Tal vez Christopher Nolan nunca haya sido el mejor director de secuencias de acción. Pero por primera vez todas esas obsesiones parecen haber encontrado el relato que estaban buscando. Y por eso, creo, La Odisea es su mejor película.


TÍTULO: La Odisea
TÍTULO ORIGINAL: The Odyssey
DIRECCIÓN: Christopher Nolan.
ELENCO: Matt Damon, Tom Holland, Robert Pattinson, Anne Hathaway, . Zendaya, Charlize Theron, Lupita Nyong’o.
GUION: Christopher Nolan.
GÉNERO: Fantasía. Aventuras. Acción.
ORIGEN: Reino Unido, Estados Unidos.

Si te gusta lo que hacemos, podés colaborar para que siga creciendo esta comunidad.

Invitame un café en cafecito.app

About Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *