10 de julio de 2026
Nuestra-ultima-copa

Sobre la amistad y la memoria

Seis amigos se encierran en una casa al pie del cerro Uritorco, durante la Copa Mundial de Fútbol jugada en Qatar 2022, para seguir a la selección Argentina. Dos camarógrafos y una sonidista los acompañan. Jamás imaginaron cómo les cambiaría la vida.


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Por Gastón Dufour

El Mundial de Qatar 2022 ya tiene sus imágenes definitivas: la atajada de Emiliano Martínez, los penales, la copa levantada por Lionel Messi, las calles desbordadas y una celebración que todavía parece cercana. Nuestra última copa, documental dirigido por Santiago Roldán Vigliano, elige correrse de ese archivo monumental para encontrar otra escala. No sigue a los jugadores ni intenta reconstruir el recorrido deportivo desde la lógica televisiva. Se queda con seis amigos cordobeses que deciden alquilar una casa en el Cerro Uritorco y atravesar juntos, durante un mes, cada partido de la Selección.

La idea tiene una sencillez que termina siendo su mayor fortaleza. Dos camarógrafos y una sonidista acompañan a ese grupo dentro y fuera de la casa, atentos a una convivencia que cambia con el avance del torneo. Los encuentros frente al televisor son el punto de partida, pero el interés aparece en lo que se acumula alrededor: las conversaciones, los silencios, las cábalas, la tensión previa, los desacuerdos mínimos que adquieren otra dimensión y los festejos que, en ese contexto aislado, se vuelven todavía más intensos.

Roldán Vigliano encuentra una perspectiva cercana sobre un acontecimiento que fue, al mismo tiempo, público y profundamente privado. Qatar 2022 se vivió en estadios, bares, oficinas, plazas y hogares; también en esa casa cordobesa donde un grupo de amigos decidió organizar su rutina alrededor de una ilusión compartida. El documental parece comprender que la dimensión emocional de aquel Mundial no depende solamente de los goles, sino de la manera en que cada persona convirtió los partidos en una experiencia personal.

El Cerro Uritorco aporta, además, una atmósfera particular. Lejos de las grandes ciudades y de la circulación permanente de información, la casa funciona como una especie de pequeño mundo donde todo queda concentrado: el resultado de un encuentro, una discusión, una promesa, una llamada, una comida compartida. Esa distancia no los aleja del Mundial; por el contrario, vuelve más visible la intensidad con la que cada uno atraviesa el torneo.

Nuestra última copa se presenta como una cápsula de tiempo sobre un momento excepcional de la historia reciente argentina. No necesita competir con las imágenes ya conocidas ni buscar una épica artificial. Su valor está en registrar lo que suele quedar fuera de cuadro: la espera, los nervios, la convivencia y la forma en que una victoria deportiva puede convertirse en memoria afectiva.

En pleno Mundial, con la Selección ya instalada en los cuartos de final, el trabajo de Santiago Roldán Vigliano recupera Qatar 2022 desde un lugar reconocible y cercano. Allí donde la transmisión mostraba el partido, este documental parece interesarse por quienes lo miraban, por lo que ocurría entre una jugada y otra, y por esa necesidad tan argentina de vivir el fútbol como si, durante noventa minutos, todo depe


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