19 de agosto de 2026
Adolescencia-sexo-y-muerte-en-Campamento-Miasma

El lado B del terror

Una joven cineasta debe resucitar una franquicia de terror tras años de secuelas mediocres, pero cuando visita a la recluida y misteriosa protagonista de la película original ambas se sumergen en un mundo empapado de sangre, deseo, miedo y delirio.


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Por Ignacio Rapari

La propuesta de Jane Schoenbrun es una obra atravesada por las vicisitudes de la identidad desde una mirada queer que encuentra en el terror un territorio particularmente fértil para deformar, tensionar e incluso quebrar las reglas establecidas. Su cine no solo redefine la imagen, sino también los propios tópicos a través de los cuales sus personajes intentan descubrirse, casi siempre dentro de realidades distorsionadas para el espectador y, fundamentalmente, atravesadas por claves metaficcionales y una presencia absoluta de lo analógico como motor de fantasía.

En ese sentido, Adolescencia, muerte y sexo en el Campamento Miasma no es la excepción. Y aunque se trate de su película más “mainstream” hasta la fecha —con lo insólito que eso puede resultar tratándose de Schoenbrun—, utiliza esa aparente accesibilidad para apostar todavía más lejos. La historia sigue a Kris (Hannah Einbinder), una realizadora queer que, después de coronarse en Sundance, es elegida por un estudio para relanzar la saga slasher Camp Miasma, una franquicia que, al igual que tantas otras, fue perdiendo prestigio a través de numerosas y fallidas secuelas.

El paso del tiempo y una industria que ahora observa con cierta incomodidad los arquetipos del slasher ochentoso y de clase B —desde las final girls hasta la explotación del cuerpo femenino— aparecen como la excusa perfecta para recuperar la saga y adaptarla a los nuevos tiempos. Pero también como una forma de reproducir ese inefable fan service que hoy atraviesa franquicias como Scream o Halloween. Kris, sin embargo, propone algo más: recuperar a Billy Presley (Gillian Anderson), la final girl que quedó inmortalizada en la primera entrega y que, misteriosamente, desapareció de las secuelas.

El encuentro entre ambas mujeres no tarda en producirse. Billy vive precisamente en el lugar donde se filmó aquella película: un campamento a lo Crystal Lake en el que, como una versión más del mito de Jason Voorhees, su asesino Little Death emerge del lago para volver a cazar a sus víctimas. Mientras un primer tramo del nuevo trabajo de Schoenbrun se detiene fugazmente en el estado actual de la industria, el género, sus realizadores y el peso de la nostalgia, aquello que inicialmente parecía encaminado hacia una suerte de Sunset Boulevard moderna —la propia película la menciona en varias ocasiones para comparar a la Billy de Gillian Anderson con la inolvidable Norma Desmond de Gloria Swanson— termina convirtiéndose en un tratado sobre la liberación, no solo sexual, a través de las imágenes y de aquellas películas de género que funcionaron como un lenguaje secreto para entender aquello que sus espectadores todavía no podían nombrar.

El viaje de Schoenbrun es ecléctico, onírico, paródico, sangriento y, sí, sexy. Porque una búsqueda como la de Adolescencia, muerte y sexo en el Campamento Miasma no puede llevarse a cabo bajo otros códigos que ignoren la indescriptible naturaleza de sus dos protagonistas, quienes se ocupan de que el manuscrito identitario de quien se encarga de la dirección resulte, por momentos, fascinante. Pero también hay que remarcar que, inevitablemente, puede resultar algo excluyente, tanto en su búsqueda personal como visual: entre cromas de ensueño, una estética deliberadamente artificial y un gore demasiado paródico como para resultar siempre encantador, Schoenbrun construye una película que no parece interesada en hacer concesiones.

Y eso, en buena medida, también es algo para celebrar. Hay algo genuinamente estimulante en una autoría que, incluso cuando accede a un terreno más popular, decide no abandonar sus obsesiones ni limar las particularidades de su mirada para hacerlas más digeribles. Pero precisamente porque Schoenbrun demuestra tener un dominio tan singular de la imagen, queda también la sensación de que sería fascinante ver trasladada esa sensibilidad a una película todavía más accesible, no para volverla genérica ni para domesticar su discurso, sino para comprobar qué podría hacer con un público mayor sin renunciar a aquello que hace que su cine sea reconocible. Porque quizá el verdadero desafío para Schoenbrun no sea abandonar sus obsesiones, sino descubrir hasta dónde puede llevarlas sin necesidad de encerrarlas dentro de ellas mismas.


TÍTULO: Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma
TÍTULO ORIGINAL: Teenage Sex and Death at Camp Miasma
GÉNERO: Terror.
ORIGEN: Canadá, Estados Unidos.

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