Sección: Competencia Argentina

Dirección: Sol Miraglia y Hugo Manzo
Idiomas: Español
Color: Color – Blanco y Negro
Minutos: 72
Director de fotografía: Sol Miraglia
Guion: Hugo Manso
Año: 2018
Formato: DCP
Sonido: Hugo Manso
Edición: Celeste Contratti
País: Argentina
Música: Guillermo Guareschi
Productor: Mercedes Arias, Santiago Ligier
Intérpretes: Luisa Escarria, Graciela Escarria, Rosa Escarria
Producción ejecutiva: Mercedes Arias, Santiago Ligier
Compañía productora: Yaguareté Cine

De Tita Merello y Susana Giménez a Olmedo y Porcel y Atahualpa Yupanqui, las celebridades que pasaron por el estudio fotográfico “de Luisita” son innumerables. El descubrimiento de 25.000 negativos inéditos abre una ventana hacia un verdadero epicentro artístico de la cultura popular argentina.


Por Ayelén Turzi

Todos hemos visto el logotipo de “Foto Estudio Luisita” alguna vez, en algún lugar. Pero quizás no nos preguntamos qué es, quién es Luisita, quiénes habían pasado por ese foto estudio o qué es un foto estudio, término actualmente en desuso. Por suerte llegaron Sol Miraglia y Hugo Manso a rescatar esta historia.

La secuencia inicial musicalizada nos sumerge en la época de oro de Avenida Corrientes: vedettes, capocómicos y teatro de revistas en su máximo esplendor, con coloridas marquesinas luminosas saturando la calle que nunca duerme. De modo abrupto, nos trasladan al presente. Los centros de entretenimiento devenidos en farmacias e iglesias, acompañados del sonido ambiente, nos dan una sensación de vacío contundente. De la vía pública pasamos al interior de un departamento donde conviven tres hermanas. Desbordado de cosas, con las paredes del living tapizados con retratos de los artistas populares más reconocidos en las décadas del 70 y 80. En ese departamento “de abuela” viven las tres hermanas Escarria: Luisa, Chela y Rosita.

Luisa, más conocida como Luisita, fue quien se encargó de fotografiar a los artistas que desfilaban por los teatros Tabaris, Maipo y Nacional en las décadas del 70 al 90, ayudada por su hermana Chela, quien iluminaba, revelaba los negativos en el living de la casa en las noches y los coloreaba a mano. Llegaron con su madre a Buenos Aires en 1958, exiliadas desde Colombia. Sus padres eran fotógrafos y sacó su primer foto por casualidad. También, por casualidad, fotografió a Amelita Vargas (de quien sigue siendo amiga en la actualidad), quien la sugirió a Marrone para fotografiar a los artistas de su compañía y estableció los cimientos de su carrera. Lo que no fue casual, de ninguna manera, es el talento y la sensibilidad con que los retrataba.

Sol Miraglia cuenta que conoció a Luisita cuando estudiaba fotografía y desde ahí se hicieron inseparables. El documental nos muestra a las hermanas en su vida cotidiana, con testimonios sobre cómo era trabajar en el rubro en esa época (siendo mujeres y además extranjeras), anécdotas sobre los famosos que han trabajado con ellas y reflexiones sobre el avance de la tecnología.

Con la planificación y ejecución de una muestra que se realizó en el Teatro San Martín en que Sol rescató parte de la obra de Luisita y con el enorme trabajo de clasificación del archivo de más de 25000 negativos como hilos conductores, el documental propone un retrato intimista y cercano de una mujer que tuvo que vencer a su propia timidez para ponerse en frente de figuras avasallantes y aguardar el momento indicado para retratar lo mejor de cada uno.

Ameno, muy interesante y lleno de ternura, Foto Estudio Luisita es un ejercicio de memoria necesario, sobre todo en este contexto de empoderamiento femenino. Las hermanas Escarria tienen una historia que era menester reivindicar, en la cual fueron protagonistas por mérito propio, sin depender de ningún hombre. Y el rescate de ese archivo, un registro intuitivo con el foco puesto en la cultura popular, es de un valor cultural incalculable. Albricias por el revelado.