15 de abril de 2024

Algunas cuestiones que hacen falta aclarar

La discusión acerca de «cómo se financia el cine argentino» es una historia que se reaviva continuamente en Twitter (ahora X), como el del punto de cocción de la carne y el verdadero villano de El diablo viste a la moda.


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Por Walter Pulero

Spoiler: No. No es con la plata de los nenes pobres del Chaco, como algunas personas o gobiernos te quieran hacer creer. Es mucho más sencillo de entender pero curiosamente siempre necesario volver.

Para ponernos en tema es necesario explicar algunas cuestiones. En principio, qué es el INCAA: se trata del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, una entidad pública NO estatal que funciona dentro del ámbito del ex Ministerio de Cultura de la Nación, devenida en Secretaría con la asunción del presidente Milei. Dentro sus objetivos se encuentra impulsar, fomentar, fortalecer y regular la producción cinematográfica en Argentina, incluyendo el otorgamiento de subsidios a películas y su participación en festivales.

El INCAA es una entidad autárquica, no está sujeto a la intervención gubernamental en sus acciones ni recibe financiamiento del gobierno. El Fondo de Fomento Cinematográfico (FFC), establecido en la Ley 24.377, es la principal fuente de financiamiento del Instituto y se compone de:

10% sobre el precio básico de las entradas de cine, en cualquier ámbito.
10% del precio de venta de «videogramas grabados» (DVD o Blu-ray).
25% del total de las sumas efectivamente percibidas por el Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), a partir del impuesto a la facturación de los canales de TV y servicios de cable por usar el espectro radioeléctrico.

Y hace un tiempo se analizó también cobrarle un canon a las plataformas de streaming, hoy principal forma de consumo audiovisual en todo el mundo (por eso algunos países ya lo aplican), y que se complementaría con la venta de DVD o Blu-ray (prácticamente en desuso). Sin embargo, no prosperó para las plataformas sin domicilio fiscal en el país: por un tecnicismo de AFIP so se puede retener el gravamen a las que no tributan en la Argentina (Netflix y Amazon, por ejemplo). El INCAA podría al menos cuadriplicar su presupuesto tan solo con la decisión política de solucionar esto. En 2015 el macrismo frenó el proyecto y luego el mandato Puenzo-Battle (pandemia de por medio y por impericia) tampoco lo continuó.

Hasta acá a nadie debería preocuparle el INCAA. Yo, consumidor de películas en cines, aporto 10% del valor de mi entrada al Instituto. Quien cuenta con un cableoperador en su casa, destina otro porcentaje de su factura a fomentar el cine nacional. ¿O realmente alguien piensa que desapareciendo esos porcentajes las entradas al cine o el precio del cable bajarán? Únicamente en Narnia. Y está de más decir que ninguna persona está obligada a ir al cine o ver tv por cable. No se tratan de un impuesto como el IVA.

Sí es importante decir, porque acá no se trata de mentir ni de ocultar, que a pesar de ser el INCAA una entidad autárquica, ha recibido aportes esporádicos del Tesoro Nacional, pero en los últimos años disminuyeron. Y además, el Poder Ejecutivo puede proponer cambios en la composición del FFC, lo que termina en la reducción de cada vez más ingresos del INCAA. Y dicho todo esto, el mínimo aporte que realiza el Tesoro no es representación significativa del Presupuesto Nacional (como tampoco los 4 millones de dólares que el día de ayer el Gobierno Nacional informó que fue el déficit del INCAA el último año).

Y como se dice una cosa, se dice otra, en otros países también se fomenta la realización cinematográfica, aunque existan diferencias. Por ejemplo, en Estados Unidos, se realizan mayormente exenciones impositivas (hasta los adoradores de las películas de Marvel verán al finalizar los créditos la mención a esto mismo). Lo que hace el sistema argentino es otorgar directamente fondos a las producciones, lo que garantiza que se realicen más películas (de otra manera, muy pocas alcanzarían la cantidad de entradas para ser sustentables) y se genere diversidad. Cantidad no es siempre sinónimo de calidad. Y hay que entender que el circuito de una película no finaliza en los tickets cortados en salas argentinas: viene la distribución en plataformas premium, licencias a líneas aéreas, hoteles, barcos, cable premium y básico, streaming y tv abierta. Además de los festivales nacionales e internacionales (habrán escuchado al menos una vez a la semana que una película argentina es galardonada o seleccionada). Es decir, que los espectadores en cines representan un pequeño porcentaje de todo el recorrido de una producción cinematográfica. No corresponde analizar el éxito o no por la taquilla.

Entonces por qué el Gobierno quiere cerrar el Instituto de Cine. ¿Por razones presupuestarias? Ponele que sí, porque ya dijimos que hay un mínimo porcentaje insignificante que aporta el Tesoro Nacional (los cuales son esporádicos y circunstanciales). Y el presidente Javier Milei manifestó en distintas oportunidades que «no hay plata» y «hay que darle de comer a la gente». Un debate aparte es ver qué hicieron hasta ahora para que le lleguen alimentos a los chicos pobres del Chaco (cada vez más pobres si tenemos en cuenta la inflación de diciembre hasta acá) y cómo continúan aumentando los puestos en el Estado que venían a achicar.

Y poco se estuvo mencionando últimamente que el texto de la “ley ómnibus” enviada al Congreso mantenía en su artículo 564 que el FFC se integre con un impuesto del 10% sobre el precio de las entradas de cine; pero elimina de ese fondo la carga por la venta de “videogramas grabados” y el 25% de la recaudación del Enacom, por lo cual en su lugar el proyecto del Poder Ejecutivo menciona que los fondos para el fomento cinematográfico surgirían de “los recursos que determine el Presupuesto Nacional”. Entonces, ¿por qué entrometerse el Estado en una cuestión que viene funcionando prácticamente sin su aporte? ¿Qué existe detrás de ese porcentaje que se le quiere eliminar como aporte obligatorio a los cableoperadores?

El segundo motivo es meramente una declaración de guerra a todo lo que sea nacional, y en este caso, al cine, una industria emblema en el mundo. La pérdida de más de 600 mil puestos de trabajo (directos e indirectos) que se generan en todo el país: dejando de lado lo simbólico, ¿nadie piensa realmente en todo lo que mueve económicamente un festival de cine como el de Mar del Plata? Sin dudas es una embestida a la soberanía audiovisual para dejar a un país entero sin cultura.

¿Es necesario realizar una transformación en el INCAA? Por supuesto, es innegable. En principio, regular mejor cómo se asignan los recursos y cómo se devuelven: alcanzar un sistema de control interno de las áreas que intervienen en la administración del FFC y uniformidad en su ordenamiento y de información requerida en las normas aplicables. Además, mejorar el sistema de promoción y que no finalice en tan solo la culminación de una película a la que pocos puedan acceder. ¿Buscar mejorar la rentabilidad de la Industria? Claro que sí. Nadie niega que a la parte cultural y simbólica también se le deba otra de negocio. Sin dudas que todo lo que se realizó mal hasta acá no hizo más que ensuciar a los profesionales que llevan adelante la identidad e industria del país. ¿Eso significa que se deba desmantelar la cultura de un país? ¿Dejar a la buena de nadie 600 mil puestos de trabajos? Claro que no.

Es innegable que cada vez que suceden movimientos sociopolíticos y económicos en el país a la par tambalea la cultura, como una forma de acoplarse al nuevo ciclo e intentando dar manotazos de ahogado para subsistir. Es en este punto en el cual debemos preguntarnos qué estamos comunicando mal para que la cultura se ponga en discusión una y otra vez en la Argentina. Como el del punto de cocción de la carne y el verdadero villano de El diablo viste a la moda.


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