27 de febrero de 2024

Viveza –demasiado- criolla

Tras lograr su cometido de permanecer en el edificio, Eliseo parece controlar armoniosamente los hilos de todos los propietarios. Sin embargo, la llegada de una nueva habitante lo volverá a poner en plena disputa por el poder.


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Por Ignacio Pedraza

Es complejo que un actor del calibre de Guillermo Francella, junto a su versatilidad en los últimos tiempos, logre quedar bien marcado por un personaje debido a la inmediatez de los proyectos presentados por la demanda del nombre y su intersección de géneros. Sin embargo –y tampoco sin ser completamente inolvidable- a través de su Eliseo en El encargado (2022) logró dejar rasgos, por lo que la segunda temporada –algo tampoco habitual en series nacionales que van vía streaming– no se hizo esperar.

En esta nueva parte que arribó a Star+ contamos con el terreno más despejado con respecto a los giros del protagonista que en los primeros once episodios lograba sorprender. Para la ocasión, sus complejas estrategias se ponen en jaque ante el arribo de Lucila Morris (María Abadi) al edificio, y sus intensiones de modificar las lógicas tan fríamente calculadas por Eliseo.

Sin embargo el desafío no es un mano a mano concreto, sino que cuenta nuevamente con apariciones especiales y propietarios que también se ven inmersos en esos choques de intereses, embanderados principalmente en Zambrano (Gabriel Goity), quien aún junta los pedazos rotos consecuentes a la primera temporada.


La creación de Mariano Cohn y Gastón Duprat sigue apoyándose fuertemente en su protagonista, pero donde lo que era sorpresa en un primer momento se vuelve cada vez más terrorífico y cínico, llegando a un nivel de vilipendio total donde la simpatía se corre a un lado. Claro que ese nivel de demencia es registrado por sus creadores, quedando claro en la última escena donde el encargado rompe la cuarta pared y saca a relucir toda su ambigüedad, pero que si en cualquier momento se convirtiera en Patrick Bateman de American Psycho (2000) no llamaría la atención.

Esa anfibología, donde nunca termina de quedar claro hacia dónde puede disparar el personaje, se enriquece con los matices que ofrece Francella, aprovechando toda su volubilidad en el retrato dispar del protagonista. Caso contrario son las situaciones que afronta Eliseo, ya que la narrativa es lineal y arbitraria para que los escollos no sean tan complejos como se presumían y los conejos de la galera salen sin mucha justificación.

La temática sobre la idiosincrasia nunca está exenta en las creaciones de Cohn-Duprat, donde si bien ya habíamos notado que en este proyecto no forma un comentario social tan marcado como en otras de sus obras, algunas prácticas se profundizan y hasta son aprovechadas –siempre en la connotación negativa- para la trama, donde cuanto más miserable sean retratadas más funcionales son.

El producto que se ofrece en esta ocasión para la segunda temporada de El encargado no deja de ser correcto, aunque un escalón por debajo a lo que vimos el año pasado y que la posicionó entre una de las series más comentadas del 2022. Con la tercera confirmada, veremos cómo siguen las planificaciones de Eliseo sin caer en lo rutinario.


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