15 de abril de 2024

El amor real

Dos solitarias almas de Helsinki se encuentran fortuitamente. Entre guerras e irregulares condiciones laborales, Ansa y Holappa intentarán desarrollar su relación.


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Por Ignacio Pedraza

Corriendo siempre por el camino de lo real, Aki Kaurismaki logró a través de su filmografía retratar cuestiones sociales y críticas cargadas de política con historias intimistas y pequeñas, pero que reflejan mucho. El realizador ha logrado realzar su nombre y ser de lo más destacado del cine europeo con la reconocida trilogía del proletariado, y su última obra, Hojas de otoño (Koulleet Lehdet, 2023), no es la excepción y cuenta con todos los rasgos característicos de él.

Ansa (Alma Poysti) trabaja de repositora en un supermercado, mientras que Holappa (Jussi Vatanen) en la construcción. Sus solitarias vidas y grises se encuentran en una noche de karaoke, algo inusual para los dos protagonistas. Sin embargo, ese primer acercamiento no implica que sus vidas comienzan a colorearse ni mucho menos, sino que deben lidiar con muchos componentes sociales y propios para llegar a buen puerto.

La relación entre los dos protagonistas es transversal a diversas cuestiones que quiere abordar su director –quien también estuvo a cargo del guion-, de temáticas que ya han sido trabajadas en casos anteriores y que marcan la huella para saber que estamos ante un proyecto del finlandés. Desde discursos informativos de radio vemos cómo afecta la coyuntura de guerra que le da mayor riqueza a la característica de la pareja y profundiza –o por lo menos, certifica- en la crisis personal de ellos, hasta donde –principalmente en el personaje de Poysti– manifiesta su postura más clara.


A la guerra –siempre evidenciada de manera informativa-, se suman las condiciones laborales que afrontan tanto Ansa y Holappa, que sirve como unión para la situación en la que se conocen. Hay un fuerte mensaje –algo también habitual en su filmografía- que es evidente y que también erige en la situación de los adultos.

Dicho contexto tiene la particularidad en su narrativa, principalmente si tomamos en cuenta el uso del humor de Kaurismaki que parece aprovechar las características de sus protagonistas y retrato de las miserias humanas para abordar la comedia desde un tono solemne pero evidente donde se apoya en la empatía, ante personajes –tanto los principales como el escueto reparto que complementa- que no irradian particularmente carisma pero que la gracia sirve como gancho.

Esa falta de magnetismo en la construcción para los personajes va de la mano con la gratinada fotografía de Timo Salminen con una paleta de colores apagada que alterna con algún hilo de luz. En esa misma sintonía observamos ciertos pasajes de la musicalización –encomendado por Pietu Korhonen– que contrasta a favor del humor que roza la mofa a la situaciones, donde se evidencia cuando tanto Holappa o Raunio (Martti Suosalo) saltan al escenario para entonar sus enérgicos temas.

Hojas de otoño es una más del director finlandés, pero no como algo rutinario sino que representa como una joya más de su currículum. De mensaje potente pero no popular, que puede dejar a muchos afuera de lo presentado, no deja de ser un abrazo para quienes lo conozcan y lo consuman con cariño, sabiendo que estamos ante otra gran obra repleta que viene a manifestarse socialmente a través de un romance auténtico.


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