23 de mayo de 2024

Una mente brillante, pero atrofiada

Después de someterse a un protocolo de tratamiento de vanguardia para el Alzheimer, un ex detective de homicidios vuelve a examinar un caso de hace una década que involucra el brutal asesinato de un profesor universitario, como si estuviera investigándolo por primera vez.


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Por Ignacio Pedraza

Uno disfruta del séptimo arte desde su capacidad problematizadora, sus aspectos técnicos y estéticos, la riqueza de sus historias y la forma de contarlas. Sin embargo, es inevitable también pensar en el cine desde el mero entretenimiento y, en ocasiones que para algunos es un pecado, como un escaparate y un plan simplemente de odio. Recuerdos mortales (Sleeping Dogs, 2024) cumple con estos dos últimos casilleros para unas salida romántica, social y quieren disfrutar –o simplemente adentrarse- en un policial.

Roy Freeman (Russell Crowe) sufre alzheimer y, más allá de un innovador tratamiento científico para recuperar sus recuerdos, su pasado parece alejado y las múltiples anotaciones a lo largo y ancho de su casa apenas lo mantienen a flote. Su memoria se esforzará aún más cuando un condenado a muerte, atrapado por el policía hace una década, solicite su ayuda ya que es inocente. Intentando demostrar qué es verdad y qué no, el protagonista volverá a recurrir a las pruebas solicitando ayuda a supuestos viejos conocidos y extraños no reconocidos.

La ópera prima de Adam Cooper –basado en la novela El libro de los espejos de E.O. Chirovici– se adentra directamente en el terreno del policial –con tintes del policial negro- y thriller de suspenso para abordar la investigación del detective, aturdido por sus complicaciones mentales y un caso que se enreda cada vez más. A diferencia de un film de similares características en el último tiempo como Asesino sin memoria (Memory, 2022), aunque este último está más basado en la acción, el reciente estreno utiliza el recurso de la enfermedad como un verdadero escollo –su resolución es otro cantar- y está siempre presente en la trama, a diferencia de la protagonizada por Liam Neeson que dicha cuestión era utilizada arbitrariamente.


Cuesta no consumir la historia de Cooper –quien escribió el guion junto a Bill Collage-como una producción que roza la clase B, principalmente en lo referido a sus propiedades técnicas, con una fotografía de Ben Nott un tanto apagada y ciertos filtros grisáceos que no se terminaban de justificar para su trama y una musicalización de David Hirschfelder. Sobre esto último, la narrativa se apoyó en pistas como especie de división de capítulos para la exploración de Freeman, pero su resolución se decanta con los rastros evidenciados más allá de vueltas de tuerca que intentan mantener activo al público.

Lo espabilado en el largometraje pasa por el señor Crowe, quien sin ser una actuación descollante –lejos está de serlo- demuestra su capacidad para interpretar roles turbulentos y sobrada carisma, tanto en grandes producciones como trabajos de bajo vuelo –que viene repitiendo en los últimos años-. Al neozelandés se le suman unos desorbitados Karen Gillan y Tommy Flanagan –lindo guiño de Gladiador (2000)-, quienes debían conllevar todo el tiempo un manto de suspenso.

El famoso cliché de “despejar la mente” está más que presente en la nueva propuesta del reconocidísimo actor, quien brinda un entretenimiento nada novedoso, bastante objetivable, pero entretenimiento en fin.



TÍTULO: Recuerdos mortales
TÍTULO ORIGINAL: Sleeping Dogs
DIRECCIÓN: Adam Cooper.
ELENCO: Russell Crowe, Karen Gillan, Marton Csokas.
GÉNERO: Thriller.
ORIGEN: Australia, Estados Unidos.

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