Llega el estreno de El tío, su segundo largometraje

A Dalmiro la inesperada muerte de su hermano lo obliga a ocuparse de sus sobrinos, de su cuñada, de una deuda y de un viaje. Acostumbrado a una vida apacible y rutinaria ¿Podrá asumir el desafío que le toca?


Entrevistamos a Eugenia Sueiro, directora de arte de películas como Diarios de motocicleta, El abrazo partido y Un año sin amor que en el año 2012 estrenó su ópera prima, Nosotras sin mamá, y llega con su segundo largometraje: El tío.

 

EL TIO se trata de tu segundo largometraje. ¿Qué cambios notaste como directora entre esta película y Nosotras sin mamá?

Creo que traté de estar más atenta a lo que iba sucediendo y darle un espacio y un valor a lo que aparecía, aunque aparentemente inconexo o aleatorio. Ya que al dar más tiempo, a “eso”, se tornaba con un sentido nuevo, que no había pensado. Creo que me animé a dudar de mi, mientras hacía, y habilitar un lugar de ensayo, más honesto de mi parte.

 

Haber trabajado como directora de arte con grandes directores seguramente te ha dejado experiencia en cuanto a lo profesional. ¿Y en cuanto a lo personal?

No lo puedo separar. Lo profesional con lo personal, es parte de lo mismo en un autor. Creo que hay algo vital que ocurre y es la honestidad brutal que se necesita para mirar el mundo como uno lo ve, y entender que ese diálogo se retoma en cada nueva experiencia y por lo tanta hay que cuestionarlo, sin creer que uno ya sabe. Los autores que más se han puesto en duda, han sido con los que más aprendí.

 

Más allá de la relación con el medio cinematográfico, ¿cómo se fue gestando tu interés en continuar dirigiendo tus propias películas?

Podría decir que hay ciertos mundos, que necesito verlos crecer hasta que existan. Desearía no traicionar esa sensación cada vez que exista en mi.

 

¿Qué desafíos se te presentan al momento de tener el guion y decidir que será una película?

Todos, porque hay algo de pasar a la acción, que me encanta, pero que me cuesta, creo que tiene que ver con cierta falta de madurez mía. El cine me exige mucho, de algo de lo que carezco naturalmente.

 

¿Cómo surge la idea de EL TIO?

Durante el embarazo de mi hijo, no sé porqué, o tal vez sí sé porque, porque yo ya era mamá, tenía dudas sobre mi, muchas, pero una especialmente: “¿puedo dar?” “¿puedo dar lo que él requiera de mi?”.
Me inquieta la posibilidad de entrega, ya que cuestiona la plasticidad de la que estamos hechos. Y en esa plasticidad, considero, se juega la posibilidad de crecer.
Por otro lado, hace unos años, mi hermano, les empezó a decir a mis hijos que los iba a llevar a Disney, si bien lo decía de la misma manera que “vamos a comprar pan”, los chicos le creyeron sin dudarlo, su garantía era “me lo prometió el tío”. Amparado el trío en la construcción de la fantasía, construía un pacto de confianza, tácito, del tipo “si me lo dijo es”.
Pero ¿a dónde se va la fantasía cuándo no se cumple? ¿En qué cosa se transforma el deseo postergado?
Digamos que la mezcla entre la posibilidad de entrega, y el generar ilusiones, fueron las cuestiones que me llevaron a escribir El tío.

 

¿Cómo fue la selección de los actores?

La selección fue diferente en cada caso. Por ejemplo con César habíamos trabajado juntos en mi anterior película Nosotras sin mamá, y el personificó a un vendedor inmobiliario, que me dio muchas ganas de más, de ese personaje. Lo cierto, también es que con César tengo una fuerte sensación de cercanía, lo que me hacía suponer, que él era capaz de valorar y cuidar el personaje de Dalmiro. César iba a entender la belleza y el límite de este personaje.
Vanesa Maja, que hace de Maky, me interesó por la naturalidad con la que podía cambiar de un estado a otro cómodamente, manejando la situación para donde ella lo necesita.
Dulce y Valentino, son dos chicos que oyen, por lo tanto están conectados con lo que sucede, y hacen porque comprenden con el cuerpo. Son absolutamente espontáneos, y carecen de estrategia de seducción. Van. Hacen. Esa falta de peso y de marcar su efectividad, era esencial, para mi, para creerles.
Isidoro tiene una presencia encantadora, mantiene una suerte de ingenuidad y confianza en el mundo, ojos de niños en un abuelo, mucha energía y ganas, alguien vital, pese a todo, Adolfo y él comparten eso.
Con Roberto, ya habíamos trabajado juntos un par de veces, (en algunas películas dónde fue directora de arte) y lo que siempre vi es que con mucha naturalidad se apropiaba de las situaciones, como que tiene mucha confianza, te hace enseguida su amigo. La casualidad es, que César y él son muy amigos, así que todo lo que hicimos juntos lo disfrutamos por partida doble.
Con Analía, Alfredo y Sergio hacía mucho que los venía observando y quería trabajar con ellos, cada uno tiene algo que me atrae, y me hace mirarlos, algo “de divertir” algo “de lucido”, consideré importante esa cualidad para Analía, el abogado y Lesnik.

¿Cuánto llevó todo el proceso? Desde el guion hasta finalmente poder ver hoy la película en los cines.

Llevó 7 años.

 

¿Cómo ves la situación actual del INCAA en cuanto al apoyo al cine independiente y los accesos al circuito comercial?

Creo que somos como un cuerpo desmembrado, cuándo deberíamos ser un cuerpo, dónde el INCAA actúe de facilitador y promotor, trabajando en conjunto con productores (técnicos, directores, actores, etc.), exhibidores, distribuidores, vendedores.
Creo que el cine independiente y el circuito comercial, son ambos necesarios, para construir un sentido de derecho y pertenencia, acción que nos daría sentido a todos, como parte del asunto.
Es tan simple, pero el problema no es la simpleza, que es más bien una bendición, la cuestión es el sentido de dirección con el que se actúa.

 

¿Tenés nuevos proyectos ya en mente?

¡Sí! Pero aún es una masa sin forma ni nombre.