21 de mayo de 2026
PASSENGER

Ohhh vamos a la ruta

Después de que una joven pareja sea testigo de un espantoso accidente en la autopista, pronto se dan cuenta de que no se han marchado solos del lugar del siniestro, ya que una presencia demoníaca llamada «El Pasajero», que no descansará hasta acabar con ambos, convierte su aventura en furgoneta en una pesadilla.


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Por Gastón Dufour

Pocas cosas hay más difíciles que sostener la energía de una propuesta a través de la precisión de su arquitectura narrativa. El pasajero del diablo pertenece bastante a ese territorio. La historia arma un universo propio, mezcla códigos de terror, comicidad y desajuste sobrenatural, pero tambalea un poco a la hora de consolidar las reglas internas que deberían ordenar ese mundo.

Esto puede verse en la construcción del contexto. La información llega fragmentada, ciertas lógicas se presentan sin demasiado desarrollo y varias decisiones del relato parecen apoyarse más en la conveniencia dramática que en una estructura verdaderamente definida. La película de André Øvredal instala ideas sobre su propio funcionamiento, aunque no siempre se ocupa de sostenerlas hasta el final. Eso genera una sensación de inestabilidad narrativa que acompaña buena parte del recorrido.

Sin embargo, ahí mismo aparece también una de sus fortalezas. Porque aun cuando el armado resulta endeble, El pasajero del diablo encuentra un balance bastante eficaz entre la comicidad y el entramado general. Hay una comprensión clara del tono que quiere manejar y eso le permite atravesar sus irregularidades sin perder completamente el eje.

El humor ocupa un lugar importante dentro de ese mecanismo. No como alivio ocasional, sino como parte constitutiva de la experiencia. La película entiende que su mayor herramienta no está necesariamente en construir una amenaza impecablemente desarrollada, sino en la interacción entre lo absurdo, lo inquietante y cierta lógica de caos controlado que termina marcando identidad.

Hay además algo atractivo en la manera en que el film administra su ritmo. Mantiene movimiento, introduce situaciones con suficiente dinamismo y evita quedar atrapada en largas explicaciones sobre aquello que propone. Esa decisión ayuda a sostener el interés incluso cuando algunas piezas del universo narrativo quedan insuficientemente articuladas. Ahí aparece una de las razones por las que la película logra conservar cierta simpatía incluso en los momentos que pueden parecer más desprolijos.

De este modo y pese a que le cuesta encontrar una construcción completamente sólida alrededor de sus propias reglas, sí consigue algo que a veces resulta igual de importante: mantener una identidad reconocible. Y en esa combinación entre humor, rareza y voluntad de entretenimiento termina construyendo una experiencia irregular, aunque suficientemente consciente de sus herramientas como para sostener su atractivo.




TÍTULO: El pasajero del Diablo
TÍTULO ORIGINAL: Passenger
DIRECCIÓN: André Øvredal.
ELENCO: Jacob Scipio, Lou Llobell, Melissa Leo.
GÉNERO: Thriller. Terror.
ORIGEN: Estados Unidos.

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