Los hermanos Lumière, Edison y el nacimiento de “Hollywood”

¿Por qué los hermanos Lumière son considerados los “inventores del cine” si, como ya vimos en las entregas anteriores de Historia del cine, hubo varios inventos que también proyectaban imágenes en movimiento? ¿Por qué se considera a 1895 como el año del nacimiento del cine?

¿Por qué Edison, cuyo Kinetoscopio inventado en 1891 y popularizado en 1893, no es sinónimo de cine como sí lo son los Lumière, si su invento está considerado como el predecesor más inmediato al cinematógrafo?

¿Por qué la industria del cine se desarrolló en la costa oeste de los Estados Unidos, si Edison comenzó a producir películas en el mismo lugar donde patentó su invento, es decir Nueva York, y los hermanos Lumière desarrollaron su actividad en París?


Por Rodrigo Álvarez

Vamos a ordenarnos un poco. El siglo XIX se terminaba y el mundo se sorprendía año a año con cientos de inventos que se presentaban en ferias y exposiciones regionales o mundiales. Como vimos en la entrega anterior, el Kinetoscopio de Edison se había convertido en la costa este de Estados Unidos en una atracción en la cual luego de insertar una moneda, uno podía ver una película (entiéndase como una sucesión de imágenes en movimiento sin argumento, claro) a través de un visor. La máquina del mago de Menlo Park no era más que un juguete novedoso, una curiosidad de feria para ser disfrutada por una sola persona a la vez y ya. Es más, la leyenda cuenta que Edison fue también el inventor del porno al producir pequeños cortos eróticos para el Kinetoscopio, pero ese ya es otro tema…

Al mismo tiempo, en Francia, los hijos de un empresario fotográfico se hacían cargo de la empresa familiar de fotografía y comenzaban a experimentar con las técnicas de las imágenes en movimiento, principalmente en cómo capturarlas. Obviamente hablamos de Auguste y Louis Lumière. El Kinetoscopio de Edison había sido presentado en París en 1894 y al quedar sorprendidos con el invento, los hermanos se pusieron a trabajar en una máquina que pueda competir el invento de Edison y mejorarlo. Se concentraron entonces en el desarrollo de la cámara para filmar y patentaron una serie de dispositivos, entre ellos un mecanismo de arrastre de la cinta. Este mecanismo era bastante simple y usaba un rollo de película perforada con pequeños agujeros a los lados para permitir que, a través de un engranaje, pase por la cámara y el proyector. La patente del Cinematógrafo -nombre que le pusieron al invento- fue presentada en 1895 y la novedad consistía en juntar en un mismo aparato la cámara para registrar las imágenes y el proyector para verlas en grande.

Con este dispositivo los Lumière se lanzaron a la calles a registrar imágenes y a pocos meses de conseguir su patente, en el invierno de 1895, dieron a conocer los resultados al público parisino. La fecha de esta “función” está establecida en el 28 de diciembre de ese año y aunque solo un mes antes, en noviembre de 1895, Max y Emil Skladanowsky, inventores y cineastas alemanes, habían programado proyecciones públicas cobrando una entrada (*), los pocos privilegiados que pagaron su ticket para entrar al Grand Café de París y asistieron a la proyección de estas filmaciones de los Lumière, pudieron considerarse testigos del nacimiento oficial del cine.

(*) En realidad las proyecciones de los Skladanowsky no eran películas sino animaciones de fotografías.

Ese 28 de diciembre de 1895 está considerada la fecha de nacimiento del cine. Esa día, en una función en el Salón Indio del Grand Café, ubicado en el número 14 del Boulevard des Capucines de París, y con una entrada que costaba 1 Franco, los Lumière proyectaron ante 33 personas un programa de 20 minutos que consistía en diez cortos filmados en su mayoría con una cámara inmóvil. El primero de ellos, “La salida de la fábrica Lumière” (La Sortie des usines Lumière, 1895), de menos de un minuto, mostraba a los obreros saliendo de la fábrica luego de una jornada laboral. Se dice que esta película no es un verdadero documental y estaba preparada, ya que nadie mira a la cámara ni se acerca para ver de qué se trataba esa especie de máquina fotográfica que los estaba apuntando.

Luego, El regador regado, otro de los cortos, sería la primera comedia de la historia del cine.

Otro corto mostraba a unos obreros, que gracias a la técnica de reversa, en lugar de demoler una pared, parecía que la iban construyendo a puro “martillazo”. Aquí estaríamos ante el primer film de efectos visuales.

Sin embargo, el más popular de esta serie de “peliculitas” es La llegada del tren, de unos 55 segundos de duración que consistía en, como lo dice el título, simplemente la llegada de un tren a la estación de La Ciotat en el sur de Francia, avanzando hacia el espectador. Cuenta la leyenda que los primeros que vieron la proyección tenían la impresión de que lo que estaba sucediendo era tan real que se agachaban y hasta incluso se levantaban y se movían ante la llegada del tren, pero no es más que una leyenda urbana incomprobable.

El resto de los cortos mostraban escenas de la vida cotidiana, gente tomando el té o paseando por jardines. Con esta peliculitas, y casi sin darse cuente, los hermanos Lumière daban los primeros pasos en la creación de un lenguaje narrativo en el cine. Sus primeros cortos eran cuasi documentales de la época y además de mostrar aspectos de la sociedad parisina de fines del siglo XIX y principios del XX, resultan importantes en el sentido de que objetos comunes y escenas cotidianas de la vida pasaron a convertirse en objetos de espectacularización. Así, se comenzó a darle al cine una característica de verosimilitud más grande que la fotografía.

Sin embargo, a pesar del gran éxito que tuvieron estas peliculitas (“Con el invento de los hermanos Lumière, la muerte deja de ser absoluta”, titularon algunos diarios parisinos), los Lumière no vieron en el cinematógrafo una industria sino solo un gran negocio fugaz, con el que aprovecharon para amasar una muy buena fortuna. Como tenían la patente europea del invento y se negaron a comercializarla, cualquiera que quisiera filmar un acontecimiento debía contratarlos y en ese caso los Lumière mandaban un cinematógrafo y un operador donde sea que fuera requerido. Así, enviados de los Lumière se desperdigaron por toda Europa, realizando las más diversas filmaciones documentales y hasta sociales (bodas, cumpleaños, etc.) para las clases altas y burguesías del continente.

Al poco tiempo los Lumière cometieron el mismo error que Edison: no pudieron (o no quisieron) ver el futuro de su invento más allá de la novedad y los beneficios económicos de la patente y declararon que el cinematógrafo era un invento sin porvenir. Luego de producir más de 2000 películas entre 1886 y 1903, se volcaron al desarrollo de la fotografía a color y dejaron el camino del cine libre para que personas como los hermanos Pathé (quienes finalmente compraron las patentes de Lumière) Edwin Porter y Georges Méliès (*), entre otros, desarrollaran no solo el negocio sino el lenguaje y la industria cinematográfica. Es famosa la anécdota de cuando Méliès quiso adquirir el cinematógrafo y August Lumière le contestó: “Nuestro invento no está a la venta. A lo mejor puede explotarse algún tiempo como una curiosidad de base científica y poco más, pero comercialmente no tiene el menor futuro”.

(*)En la próxima entrega hablaremos de Méliès y su importancia en la historia del cine.

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Por su parte, en EE.UU., Edison se aprovechaba de sus patentes norteamericanas (recordemos que no quiso aplicar para la patente internacional porque no quería tener que trasladarse a Europa en caso de litigios) y monopolizaba la incipiente industria: al poseer la mayoría de los derechos de los inventos que capturaban y proyectaban imágenes comenzó a demandar a todo aquel que quisiera producir películas sin su licencia. De esta manera la industria cinematográfica se vio atada de manos y no le quedó otra que importar filmes de Francia y Reino Unido. Pero Edison también atacó por el lado de la distribución y amenazó con demandar a los exhibidores que proyectaban películas que infringían sus patentes.

Edison y Eastman, virtualmente los dueños de la industria cinematográfica

En 1908 se fundó la MPPC (Motion Picture Patents Company) un trust liderado por Edison compuesto por su empresa, un puñado de compañías cinematográficas, el mayor distribuidor de películas (George Kleine, líder de la distribución de películas en Nueva York y Chicago) y el mayor productor de material fílmico, Eastman-Kodak. El trust, obviamente bajo el control de Edison, fue el amo y señor del cine a principios de siglo y estableció un poderoso monopolio que no solo abarcaba toda la industria (producción, distribución y exhibición de películas) sino que tampoco permitió el ingreso de pequeños productores independientes, que estaban obligados a pagar altísimas licencias para poder realizar y exhibir sus películas.

Cansados de la persecución de la MPPC, sus altas licencias, sus abogados y los detectives privados (y matones) de Edison (entraban en los estudios a chequear que se esté filmando con rollos Kodak, por ejemplo) un grupo de productores independientes optó por la única opción que les quedaba: huir. Sí, así de simple. Mudarse lo más lejos posible de Edison para poder producir películas sin la presión del trust. 

Y California fue el lugar elegido para establecerse por varias razones, pero la principal fue que queda en la otra punta del país, a los jueces locales no le simpatizaban mucho las patentes otorgadas a Edison y en caso de un litigio atravesar todo el territorio para realizar controles de patentes y asistir a audiencias no era algo sencillo: el traslado de costa a costa en tren no solo era carísimo sino que significaba varios días de viaje, algo que los matones y detectives de Nueva York no veían con buenos ojos. 

 

 

El valle de San Fernando, a pocos de kilómetros de Los Ángeles, resultó ideal: amplios terrenos a bajo costo, mano de obra disponible y clima y geografía perfectas para filmar al aire libre sumaron para que la industria se establezca en la zona. Así, los productores que escapaban de Edison encontraron la tierra prometida: el pueblo rural de Burbank y una pequeña comunidad fundada unos años atrás al borde de las colinas llamada Hollywood…  

 

Reviví ACÁ Historia del cine: Episodio 1

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