El “mago” Méliès, inventor de los efectos especiales

El cinematógrafo de los Lumière resultó la culminación de varias décadas de investigación e inventos  que tenían dos objetivos entrelazados: por un lado lograr la objetivación de un hecho o acontecimiento durante su duración; y por el otro, reconstruir la fascinación por ese hecho a través de la “participación” ilusoria del espectador en ese acontecimiento. Es decir, la búsqueda de la objetividad, propia de las ciencias, y la exploración de las fascinación propia de las artes y del espectáculo. Y justamente el protagonista de nuestro episodio de hoy fue quien jugó por primera vez con ambas búsquedas, las mezcló y utilizó para lograr resultados sorprendentes y fundamentales para la Historia del Cine.


Por Rodrigo Álvarez

En el episodio anterior hablamos de la función que realizaron los hermanos Lumière una noche fría de 1895 en París en la cual proyectaron una serie de cortos y que sería más tarde considerada la fecha del comienzo oficial de la Historia del Cine. George Méliès, mago, ilusionista, actor, director y productor teatral parisino había estado presente esa noche e inmediatamente quedó fascinado con la demostración y vio inmensas posibilidades artísticas en el cinematógrafo Lumière. Ofreció 10000 francos a los hermanos para comprarles una de las máquinas para utilizarla en sus espectáculos de magia. Como también vimos, los hermanos se negaban a comercializar su invento para mantener el monopolio de las filmaciones y rechazaron la oferta. Méliès acudió entonces a otros inventores que estaban experimentando con dispositivos parecidos y llegó a Londres donde adquirió un Animatógrafo (una especie de proyector de películas). Ya instalado en su teatro comenzó a trabajar en él, logró modificarlo para usarlo también como filmadora y patentó su propio invento: el Kinetoscopio Robert Houdini, que usó por un par de años hasta que quedó obsoleto. La tecnología de otros inventos lo superó y comenzó a adquirir cámaras más modernas fabricadas por Gaumont, Pathé y ahora sí, Lumière, que para entonces ya se estaban aburriendo de su cinematógrafo y cada vez se enfocaban (je) más hacia el desarrollo de la fotografía a color.

Méliés se había negado a seguir en el negocio del calzado de su padre y a su muerte había invertido el dinero en la compra del teatro Robert Houdini donde se realizaban espectáculos de ilusionismo y donde el mismo ilusionista se presentaba con sus shows de magia. Allí, en las instalaciones de su teatro, construyó entonces lo que es considerado el primer estudio cinematográfico. Méliès conocía a la perfección los decorados, trampas y maquinaria y fueron usadas para la filmación y proyección de los primeros cortos de su producción.

En sus inicios las películas de Méliès eran pequeñas escenas de la vida cotidiana al estilo de los Lumière, filmadas al aire libre en su mayoría. Sin embargo estas filmaciones son muy pocas y su estilo, a medida que transcurría el tiempo, fue evolucionando hacia lo fantástico.

Un día, mientras filmaba en las calles de París, la cámara de Méliès se trabó por unos segundos, es decir, dejó de filmar por un momento. El inconveniente se solucionó y siguieron filmando. Cuando en los estudios, luego del revelado, Méliès vio el resultado, se sorprendió al observar que en medio de la película, un ómnibus desaparecía de la imagen y era reemplazado por un carruaje. De esta manera, por accidente, Méliès “inventó” el llamado Stop Trick. Descubrió que al cortar una escena y mover o quitar personajes en el mismo escenario podía hacer “desaparecerlos” y comenzó a usar (o abusar) esa novedosa técnica para asombrar a sus espectadores en toda clase de películas. Se dice que más o menos para la misma época, del otro lado del océano en Estados Unidos, Edison había descubierto la misma técnica y la había utilizado para representar una decapitación en su película La ejecución de María Stuart.

Inquieto y curioso, Méliès fue experimentando e inventando (o descubriendo) diferentes técnicas: la sobreexposición, los fundidos a negro, encadenados, la coloración de películas, etc., y gracias al éxito de sus películas construyó un nuevo estudio vidriado en las afueras de París. Las nuevas instalaciones le permitían filmar sin iluminación artificial durante el día y reservar el Teatro Houdini para proyecciones y algunas pocas filmaciones.  

 

Así, durante 1896, el público concurrió asiduamente para sorprenderse con The Bewitched Inn (1896) -un viajero llega a una posada y es atormentado por velas que se mueven y ropas que cobran vida propia- y The Vanishing Lady / Escamotage d’une dame chez Robert-Houdin (1896) -el clásico truco de hacer desaparecer a una persona, llevado a la pantalla con realismo mágico-.

Pero sin lugar a dudas, su mayor y más significativa obra, es Viaje de la Tierra a la Luna. Filmada y estrenada en 1902, es una película de 14 minutos, escrita por Méliès, que se basó libremente en De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, y Los primeros hombres en la Luna, de H.G. Wells. Obviamente está considerada la primera película de ciencia ficción de la historia del cine. ¿Qué tiene de interesante e importante esta película? Veamosla:

La película fue un suceso y le permitió a Méliès entrar en el mercado estadounidense y fundar una filial de su studio en Nueva York. Como vieron la película está filmada como si estuviéramos viendo una obra de teatro, el estilo casi todos sus filmes: actores moviéndose en el escenario y la cámara fija en la “audiencia” observaba todo, con algunos poco primeros planos, “inserts” y cambios de ángulo con un propósito narrativo. En Viaje a la Luna Méliès desplegó todo su arsenal de efectos especiales: stop tricks, travellings hacia la cámara para simular un zoom in extremo, filmaciones en el mar, superposición de imágenes, etc, etc. Nadie había incorporado semejante despliegue de efectos en una misma película hasta ese momento. Volviendo a lo narrativo, en De la Tierra a la Luna la edición solo sirve de manera práctica para destacar algunas escenas. El montaje, como vamos a ver más adelante, todavía no tiene un sentido narrativo.

El tema con Méliès fue que, en definitiva, era mago, y los trucos eran el fin mismo de sus películas y no se volcó de lleno a buscar una significación en sus filmes. En Estados Unidos su compañía se unió al Trust de Edison y al poco tiempo dejó de hacer películas por disconformidad con cómo el norteamericano llevaba el negocio. Inició un par de juicios pero no prosperaron y en Europa vendió sus derechos a Pathé con quien se comprometió a realizar filmes de alto presupuesto que no tuvieron el éxito esperado. Luego de unos años rompió relaciones con Pathé. La Primera Guerra Mundial ya era un hecho y con deudas por doquier Méliès tuvo que declararse en bancarrota. El Ejército Francés convirtió su Estudio en un hospital de campaña para atender a soldados heridos y confiscó una gran cantidad de sus películas para derretir el material y utilizar la plata y el celuloide en la confección de uniformes militares. Un par de años más tarde el Teatro Houdini fue demolido para hacer lugar al Boulevard Haussmann (una de las avenidas más importantes de París) y Méliès se retiró de la actividad pública. Les recomiendo ver La invención de Hugo, un excelente retrato de la época con una linda sorpresa al final, así como las decenas de películas que están disponibles en You Tube, como por ejemplo El Melómano, La Sirena, El Diablo Negro, La Mariposa Fantástica, El Hombre de la Cabeza de Goma o tanta otras.

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