La modernización de una mitología
Tras estar separados durante 15 años, la Espada del Poder lleva al príncipe Adam de vuelta a Eternia, donde descubre que su hogar ha sido destruido bajo el malvado dominio de Skeletor. Para salvar a su familia y su mundo, Adam debe unir fuerzas con sus aliados más cercanos, Teela y Duncan/Man-At-Arms, y aceptar su verdadero destino como He-Man, el hombre más poderoso del universo.

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Por Gastón Dufour
En una época donde gran parte de la fantasía parece haber quedado atrapada entre la oscuridad obligatoria, las reinterpretaciones permanentes y la necesidad de justificar intelectualmente cada uno de sus mundos, Amos del Universo encuentra una virtud poco frecuente: no reniega de aquello que la convirtió en un fenómeno cultural. La película entiende perfectamente el tiempo en el que existe, pero también comprende que la modernización no necesariamente implica destruir las bases sobre las que se construyó una mitología.
Lo más interesante es que el punto de contacto con aquel He-Man de los años ochenta resulta mucho más fuerte de lo que podría suponerse. No desde la reproducción nostálgica ni desde la acumulación de referencias destinadas a tranquilizar a los fanáticos, sino desde algo más profundo: la preservación de un espíritu. La aventura, la dimensión heroica, el sentido de descubrimiento y la épica clásica continúan presentes dentro de una producción consciente de las exigencias narrativas contemporáneas.
La película evita además uno de los problemas más frecuentes de las adaptaciones actuales. Los guiños, las bromas internas y los elementos heredados de décadas anteriores no funcionan como simples recordatorios para espectadores veteranos. Cada referencia encuentra una utilidad concreta dentro del relato. Lo que podría haber quedado reducido a una cita termina convertido en acción dramática, en conflicto o en construcción de personaje. Esa decisión permite que la historia exista por mérito propio y no únicamente como un ejercicio de evocación.
Otro de los aspectos más sólidos aparece en el trabajo del elenco. Ninguno de los protagonistas parece desplazarse hacia registros incompatibles con el universo que habitan. Hay una comprensión colectiva del tono, una cohesión que evita la solemnidad excesiva e innecesaria. Todos parecen entender exactamente cuál es la película que están haciendo y cuál es el lugar que ocupa cada personaje dentro de ella. Desde Nicholas Galitzine, quien entiende muy bien la mezcla de vulnerabilidad y heroísmo que exige Adam, pasando por Idris Elba, Morena Baccarin y Camila Mendes, hasta llegar a un Jared Leto que abraza la dimensión operística de Skeletor sin caer en la caricatura, todos parecen habitar la misma unidad, lo que resulta en una de las claves para que la película conserve credibilidad incluso en sus momentos más espectaculares.
La música también merece una mención especial. La participación de Brian May aporta una sensibilidad que dialoga naturalmente con la tradición del cine fantástico. Su contribución no aparece como un detalle anecdótico ni como una estrategia de marketing dirigida a los seguidores de Queen. Forma parte de una búsqueda más amplia orientada a recuperar el sentido de maravilla, aventura y grandeza que durante años definió a este tipo de relatos.
Existe además una reivindicación implícita de la adaptación protagonizada por Dolph Lundgren. Aquella producción, que con el tiempo alcanzó un merecido estatus de culto, aparece aquí como parte de una historia más amplia. No se la corrige ni se la niega. Se reconoce su lugar dentro del recorrido del personaje y, al mismo tiempo, se aprovechan las posibilidades actuales para expandir dimensiones que entonces resultaban difíciles de materializar.
Al salir de la proyección, alguien definió Amos del Universo como una cruza entre Flash Gordon y Highlander. La frase provocó algunas sonrisas, pero también cierta aprobación inmediata. Hay algo de cierto en esa lectura. No porque la película busque copiar modelos ajenos, sino porque recupera una forma de entender la aventura fantástica que durante mucho tiempo formó parte del gran cine popular. Personalmente, compro esa definición. Me parece una de las formas más simples y precisas de describir una experiencia que encuentra en sus influencias una fortaleza antes que una limitación.
Y quizás por todo lo dicho resulte tan fácil dejarse arrastrar por su entusiasmo. Porque más allá de sus aciertos puntuales, de la solidez del elenco o de la eficacia con la que recupera el espíritu del original, el film dirigido por Travis Knight consigue algo que el cine fantástico contemporáneo no siempre logra: volver a despertar una sensación genuina de aventura. Sin miedo a la exageración, aunque tampoco sin fundamentos, estamos ante una de las mejores películas de aventuras y ciencia ficción que llegaron a la pantalla en al menos una década.
Amos del Universo no intenta esconder sus raíces ni disculparse por ellas. En un panorama dominado por producciones que muchas veces parecen desconfiar de sus propios universos, encuentra una posición mucho más segura. Confía en la aventura, en la fantasía y en la potencia de sus personajes. Esa es, entonces,el punto de partida para la base de confianza que sostendrá todo lo que venga en el futuro de una posible saga.
TÍTULO: Amos del Universo
TÍTULO ORIGINAL: Masters of the Universe
DIRECCIÓN: Travis Knight.
ELENCO: Nicholas Galitzine, Camila Mendes, Jared Leto, Alison Brie, Idris Elba, Morena Baccarin.
GÉNERO: Fantasía. Aventuras. Acción.
ORIGEN: Estados Unidos.
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