En busca de redención

TÍTULO: El Hijo del Cazador
DIRECCIÓN: Germán Scelso, Federico Robles
GUION: Germán Scelso, Federico Robles
GÉNERO: Documental
ORIGEN: Argentina

En julio de 2015, Luis Alberto Quijano declaró como testigo en la megacausa La Perla por los delitos de lesa humanidad cometidos en la provincia de Córdoba durante la última dictadura militar. Así, denunció a su ya fallecido padre, el represor Luis Alberto Cayetano Quijano, que desde fines de 2012 estaba siendo juzgado por 158 privaciones ilegítimas de la libertad agravadas, 154 imposiciones de tormentos agravados, 98 homicidios calificados, 5 imposiciones de tormentos seguidas de muerte y la sustracción de un menor de 10 años. Quijano narró los maltratos que recibió por parte de su familia, los delitos que presenció en el centro clandestino de detención y las tareas que fue obligado a realizar cuando era adolescente. Además de recoger su testimonio, El hijo del cazador sigue la historia de vida de Quijano, trazando la manera en que su conciencia sobre las acciones de su padre fue transformándose en el tiempo, y dando su visión sobre los años de la dictadura desde esa perspectiva que recién hoy comienza a visibilizarse: la de los hijos de los genocidas.


Por Martín Guazzaroni

Ser “el hijo de” conlleva un peso particular, pero más aún si tu papá fue un genocida. La película, estrenada el año pasado en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, cuenta la historia de Luis Alberto Quijano (hijo). Su padre, Luis Alberto Quijano, fue un represor acusado de más de 400 delitos durante la última dictadura cívico militar argentina y condenado en la megacausa de La Perla. Uno de los denunciantes fue su propio hijo, a quien incluso hacía participar de algunas tareas, como quemas de libros, siendo un adolescente.

La película tiene un relato potente y lo explota con una entrevista principal a Luis hijo en primer plano y con fondo negro; podemos mirar al personaje a los ojos. Además, la decisión le agrega un ingrediente especial a la incomodidad que se percibe durante todo el documental. Ese malestar que se siente incluso en el cuerpo es consecuencia de diversas causas: intentar ponerse en el lugar del otro, escuchar las atrocidades cometidas, o al percibir que las estructuras estructurantes de nuestra crianza nos marcan a fuego y es necesario un esfuerzo, probablemente en vano, para camuflarlas.

El hijo del cazador propone una instancia de debate, no establece una única línea o un claro eje temático a discutir. Sino que, a mi gusto por acierto, da lugar a la aparición de argumentos que nos obligan a hacer el esfuerzo contra-ideológico de mirar sin prejuzgar para poder analizar. Y así seguir tratando de pensar nuestros traumas sociales no resueltos.