lunes, noviembre 28, 2022

Santiago Mitre: Todo cineasta es político

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El realizador detrás de Argentina, 1985

Argentina, 1985, el gran estreno nacional llega este jueves a las salas, y no es coincidencia que quien se sentó en la silla sea el director Santiago Mitre, encargado de otras películas relacionadas a la temática política de nuestro país.


Por Ignacio Pedraza

Si destacamos a Pablo Trapero, Bruno Stagnaro o Adrián Caetano como responsables de esa nueva oleada en nuestro cine que vino de la mano con la crisis política, económica y social y el nuevo milenio -el llamado Nuevo Cine Argentino-, podemos decir que Santiago Mitre es consecuencia de dicho movimiento, y que logró con su propio ímpetu retratar –a diferentes niveles- los aspectos políticos de la Argentina.

Lo enriquecedor en dicha propuesta se basa principalmente con las diferentes vertientes que ofrece el realizador para abarcar la temática. Tras su colaboración junto a Martín Mauregui, Juan Schnitman y Alejandro Fadel en su ópera prima El amor – primera parte (2005) –que respondía más a una comedia romántica-, Mitre propuso sus escritos y nos permitió adentrarnos en su mundo bajo los guiones –nuevamente trabajando junto a Mauregui y Fadel– en Leonera (2008) y Carancho (2010), ambas dirigidas por Pablo Trapero con fuerte contenido sobre el sistema carcelario y las maniobras del derecho respectivamente.

La primera oportunidad del cineasta para sentarse de manera individual en la silla de director fue con El estudiante (2011), donde nos ofreció sin grandilocuencias políticas al sistema universitario y la militancia del mismo, con un Esteban Lamothe alternando entre cursadas y debates políticos, teniendo en cuenta también los típicos embrollos de la primera adultez.

Tras otro guion junto a sus compañeros de El amor… para Elefante Blanco (2012) de Trapero, donde recorrieron el rol de distintas instituciones y las problemáticas en las villas, nuestro agasajado incursionó en el mundo de las adaptaciones con La patota (2015), película de Daniel Tinayre de 1960 con una trama cruda pero que no resulta llamativo por el cual el realizador decidió introducirse con este tipo de remake, ya que va de la mano con el compromiso social y problematizador que venía mostrando con un retrato particular de la sociedad.

A través de diferentes vertientes, el repaso de la filmografía del nacido en Buenos Aires parece enfocarse –aunque no totalmente- en el rol político y social de diferentes figuras y con distintos pesos, pero que la matriz se basa no solamente en la política como ejercicio del poder o militancia, sino como responsabilidad cívica y de transformación.

Dos años después, Mitre pareció meterse en un aspecto más “místico”, por así decirlo, y definitivamente en el plano más abstracto: en La cordillera (2017) la cuestión política se hace presente con un Ricardo Darín presente durante una conferencia en Chile, pero que no todo se basa en las relaciones diplomáticas ya que aborda el suspenso a través de la relación con su hija Marina (Dolores Fonzi, actual pareja de Santiago) y con un final que seguramente dejó muchas discusiones entre el público tras la salida de la sala.


De un estudiante de la facultad colgando banderas y repartiendo papeles hasta el mismísimo presidente de la nación, Mitre decidió tomarse un “recreo” bajo Pequeña Flor (2021), rodada en Francia y con un relato fantástico sobre las vivencias de una familia argentina –encomendados por el siempre correcto Daniel Hendler– y sus relaciones vecinales en el país europeo, que va de la mano –aún más explotado, quizá- a lo que vimos en su anterior film.

Con su flamante Argentina, 1985 (2022) –en el guion nuevamente está Mariano Llinás, quien lo acompañó en sus cuatro últimos trabajos- estamos ante un largometraje basado en los Juicios a las Juntas, personificados en los fiscales Julio Strassera y Luis Moreno Ocampo y el emblemático “Nunca Más”. A través de una representación dinámica y emocionante a una página importantísima en la historia argentina, el film se suma a las múltiples –por suerte- películas de nuestro país que retrataron la última dictadura cívico-militar iniciado en 1976, pero con la nota de que en este caso se basa principalmente en las formas de llevar a juicio a los responsables del golpe.

Los elogios y premios en los principales festivales del cine –y con la posibilidad de representar a la Argentina en los Premios de la Academia– no es algo llamativo para Mitre, ya que le sucedió con anterioridad en ceremonias regionales e internacionales. Solo queda disfrutar el último trabajo del director, un especialista a la hora de llevar a la pantalla grande temáticas políticas, sea en el nivel de la sociedad –y políticos- que fuera.

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