martes, junio 28, 2022

Toy Story 3: Carta de un amigo fiel a Pixar

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Adiós, amigos

En 1995 Toy Story ayudo a disparar al estudio Pixar al estrellato, y sería el inicio de una saga que redefiniría el cine animado del siglo XXI. Pero 12 años después de su estreno, hablamos del cierre de esta historia (o al menos eso se creía): Toy Story 3.


Por Tiago Di Pasquale

¿Cómo se cierra la historia de un juguete? El equipo detrás de Toy Story 3 decidió evitarse dudas existenciales y lidiar con algo que se planteó en Toy Story 2 (1999): Andy, el niño dueño de los juguetes, ya no es un niño, sino un joven adulto listo para ir a la universidad y abandonar sus juguetes (bueno, casi todos), y ese es el miedo de nuestros protagonistas. ¿Ahora van a juntar polvo hasta que alguien se acuerde de ellos? Por un giro del destino, terminan en la guardería Sunnyside, donde son recibido por el oso de peluche Lotso y el resto de los juguetes ahí, mientras la mayoría de los de Andy aceptan esto como una nueva posibilidad para que sigan jugando con ellos. El vaquero Woody (Tom Hanks) aún se niega a dejar atrás a Andy, por lo que escapa de la guardería con la ayuda no intencional de Bonnie, una niña que lo lleva a su casa.

A partir de ahí la historia se divide en dos: mientras Woody vuelve a disfrutar de jugar junto a los juguetes de la pequeña, sus compañeros sufren del “maltrato” de niños muy jóvenes que separan sus partes, los ensucian y los meten en sus bocas. Buzz Lightyear (Tim Allen), como el temerario líder defacto, trata de negociar con Lotso para mover a sus amigos con los niños más maduros, sin saber el secreto del oso.

Un patrón en los antagonistas de la saga de Toy Story es que ven a los juguetes como cosas (que no estarían equivocados en nuestro mundo, pero las reglas en la franquicia son diferentes): Sid de la primera los ve como piezas intercambiables para sus “peculiares creaciones”, mientras el capataz Pete de la segunda, fuerza la idea de que son piezas dignas de un museo, para ser admirados y nunca sacarlos de sus paquetes; Lotso se ve a sí mismo y los suyos como basura despreciable, tras que su dueña lo perdiera y simplemente le consiguieran un nuevo Lotso. Por decirlo de alguna forma, no está del lado ni de los juguetes ni de los humanos, sino que aceptó su “realidad” como un peluche con el que se juega un rato y después se desecha, y va a asegurarse que todos los juguetes de Sunnyside aprendan la lección, volviéndola una prisión en las noches y, tras reiniciarlo, a Buzz en su guardia más estricto.

Así es como la película se vuelve un Escape de la prisión que termina con los protagonistas en un basurero, donde Lotso los deja en el incinerador, con el resto de la basura (“donde pertenecen”), pero con la ayuda de los marcianitos (alias los Minions de una generación) y La Garra, son rescatados y tienen la oportunidad de regresar con Andy, quien estaba haciendo los preparativos para donarlos antes de irse. Y a Woody se le presentan dos opciones: ¿decide seguir estando al lado de Andy o le dará una verdadera oportunidad a Bonnie junto al resto de sus amigos? Lo que sigue es un final agridulce pero apropiado, tanto Andy como sus juguetes maduraron y es hora de cerrar su historia, y aunque ambos lados no se puedan decir todo, se despiden y se preparan para empezar una nueva historia de juguetes.

Esto fue una descripción de los puntos clave de la película, ya que no es difícil creer que todo aquel que esté leyendo esta nota haya visto Toy Story 3, cada uno con su propio bagaje emocional con la saga.

La historia técnicamente no terminó ahí, porque en 2019 llegó Toy Story 4, que separa a los personajes, dándole un final feliz a Woody junto a Betty y dejando a Buzz y a Jesse como los nuevos alguaciles para los juguetes, pero está claro que no llegó al mismo nivel que Toy Story 3 (lo que no significa que la película propia sea mala perse, claro), y ahora llega el estreno de Lightyear, la película que da pie a la creación del juguete Buzz Lightyear en el universo de Toy Story, lo que cual nos demuestra esta película que a veces las olvidamos y a veces nos aferramos mucho a nuestras historias, pero cuando les damos la oportunidad es que logran reinventarse y así perdurar en el tiempo.

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