27 de febrero de 2024

Recomendaciones para pasar el verano

Estrenada en 2016, esta serie de comedia dramática, creada y protagonizada por Donald Glover, trata sobre dos primos que navegan en la escena del rap en la ciudad de Atlanta y sus esfuerzos por mejorar sus vidas y las vidas de sus familias.


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Por Ignacio Pedraza

El verano nos deja pedaleando en el aire –acondicionado, literalmente- para aquellos sin pileta ni vastos parques –si el sol no ataca salvajemente-, por lo que la pantalla no deja de ser un lugar de resguardo para estos meses tan abrasadores. Ante esto, una recomendación nos puede ayudar en estos largos y calurosos días: en este caso, Atlanta.

En épocas donde las fórmulas exitosas se tocan poco y nada, la creación de proyectos realmente novedosos muchas veces corren el riesgo de aceptación. Ahora bien, si esos trabajos vienen de una cabeza tan ingeniosa e imaginativa como la de Donald Glover, poco puede fallar.

En Atlanta (2016-2022), la historia de un grupo de amigos oriundos de dicha ciudad estadounidense que buscan que el rapero Paper Boi (Brian Tyree Henry) triunfe en la industria para elevar su calidad de vida puede resultar una premisa un tanto genérica. La cuestión de la serie que llegó de la mano de FX –y en nuestras latitudes con retardo vía Netflix– cuenta con demasiados atributos para posicionarse como una verdadera joya.

Tuvimos en la televisión magistrales representaciones sociales, no hay duda. Desde The Wire (2002-2008) que registró la brutalidad policial o la burocracia de Baltimore a Mad Men (2007-2012) para significar sobre los valores patriarcales en la década del 60, en este caso la serie se ubica en la capital de Georgia para plasmar la discriminación racial y la desigualdad sufrida por los afroamericanos, pero a través de un humor negro y a la vez contenido que logra llevar la sátira a un nivel superior.

A través de símbolos o pequeñas escenas que no necesariamente repercuten en sus protagonistas, tanto Glover como la amplia lista de guionistas a cargo de la trama logran adentrarnos en ese universo y que enriquece su denuncia a través del arte. Es decir, al nudo central que representa el grupo de Earn (Glover), Alfred (Tyree Henry), Darius (Lakeith Stanfield) o Vanessa (Zazie Beetz) que ya de por sí cuenta con fuerte contenido comunitario relacionado a lo étnico, la creación de un ambiente que manifiesta sus propias características pero que inevitablemente se asemeja a lo vivido por dichos colectivos presenta un trabajo sólido.


Prácticas, sucesos y aspiraciones de los personajes se reflejan y representan indudablemente a vivencias que han sido foco de atención y de lucha por décadas –o siglos, para no quedarnos cortos-. Ahora bien, quien también se hizo conocer bajo el nombre de Childish Gambino no solo pareció conformarse con una representación o grito de denuncia –que también lo vimos en otras de sus creaciones como el tema musical This is America (2016)-, sino que a la sustancia también buscó la forma de una sátira que, si bien tiene precedentes, roza por diversos rubros.

Porque si bien lo racial es lo primordial de la serie, otras cuestiones sociales también se hacen presentes, pero lo que importa aquí es el cómo: desde un capítulo de terror en su segunda temporada como fue «Teddy Perkins» (2×06) hasta el falso documental inspirado en Goofy en su cuarta temporada titulada «The Goof Who Sat By the Door» (4×08), pasando por una tercera temporada que alternó entre el tronco principal de sus protagonistas y capítulos de antología que rozaban lo distópico –siempre con un componente sobre la sociedad fuerte-, su creador nunca se arraigó con su juguete funcionando correctamente e insistió en la sala de laboratorio para seguir sorprendiendo.

A esto podemos sumarle dos atributos más para seguir fortaleciendo su recomendación: el uso de la música es clave y representativa en cada una de las escenas –tomando en cuenta la profesión de Paper Boi y el costado artístico del propio Glover– y el desarrollo de los personajes, donde cada uno del cuarteto tiene su propio progreso y podemos observar la perspectiva individual; tal así que hay capítulos enteros donde la determinación de quién tiene el protagonismo está bien marcado.

Atlanta logró, a través de sus 41 episodios de diversa duración pero promediando la media hora, manifestarse políticamente sobre diversas cuestiones sociales a través de la sátira –codeándose con un absurdo en el buen sentido de la palabra- y a través de simbolismos abstractos que satisfacen la trama y su posicionamiento sublime. Más allá del código particular, no deja de ser una gran recomendación para arrancar el año consumiendo un hermoso trabajo.


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